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El estreno de El Cosmonauta demuestra que la cultura sabe buscarse la vida

Desde utilizar los cines como salas de convenciones hasta vender zanahorias en vez de entradas para no asumir la subida del IVA. Además de protestar, muchos representantes del mundo de la cultura han puesto a trabajar su materia gris para reinventarse y no sucumbir en un sector azotado por las incidencias de la crisis, y al que la decisión del Gobierno de subir el IVA del 8% al 21% parecía clavar la tapa del ataúd.

No ha sido así. Haciendo caso del estribillo que cantaba Freddie Mercury en una de las últimas canciones de Queen, el espectáculo debe continuar (The show must go on), han surgido iniciativas como la de los cines Kinepolis de utilizar sus instalaciones para ofrecer contenidos alternativos. Desde la emisión en sus pantallas de ópera, ballet, conciertos de música hasta eventos deportivos, como partidos de fútbol y carreras de Fórmula 1. Además, el grupo exhibidor belga ha apostado también por rentabilizar sus grandes salas, utilizándolas como escenario de reuniones y convenciones de empresa. La crisis ha traído consigo otras ideas curiosas como las películas de bajo presupuesto o low cost. La más conocida es la ópera prima del actor Paco León tras las cámaras, Carmina o revienta, estrenada a la vez en cines, DVD, televisiones e Internet, plataforma donde su visionado costaba menos de tres euros.

cosmo-dentroEn esta línea se encuentra El Cosmonauta, estrenada el 14 de mayo. Se trata de la primera película española rodada gracias al crowdfunding (en el número de mayo de la revista Capital pueden encontrar un amplio reportaje sobre esta nueva forma de financiación, que se ha convertido en una fórmula muy eficaz para conseguir dinero cuando el crédito bancario y las subvenciones desaparecen de la escena). Su aventura comienza en un cuchitril de unos 30 metros cuadrados situado en el centro de Madrid, donde se esconden tres estudiantes de Comunicación Audiovisual de la Universidad Politécnica de Madrid: Carola Rodríguez, Bruno Teixidor y Nicolás Alcalá. Aunque ninguno supera los 25 años estamos ante los responsables de la transformación de la industria del cine. Su historia comienza en 2009. Entonces decidieron abandonar la carrera, fundaron la productora Riot Cinema, y se lanzaron a producir, escribir y dirigir su primer largometraje, que llamaron El Cosmonauta. Hasta aquí todo normal. Lo increíble ha sido que para financiar la cinta no han acudido a los cauces habituales (subvenciones, créditos, etc.) sino que han apostado por la fórmula del crowdfunding. Y con éxito. “A día de hoy, hemos logrado más de 400.000 euros a través de inversores anónimos. Hemos cumplido nuestro plan de negocio. La película está rodada y se ha estrenado”, explica Nicolás Alcalá, el director del largometraje.

La revolución de estos imberbes cineastas va más allá de la producción. El estreno de la cinta también será todo un acontecimiento, ya que será distribuida gratis en Internet al mismo tiempo que se lanzará en DVD, televisión y cine. “En la Red estará a disposición de cualquiera desde el primer día a condición de que la comparta. El resto de formatos serán de pago, pero incluirán mucho material extra. También seremos los primeros que venderemos la película en USB. Y el estreno en salas no consistirá solo en ver una película”, añade Alcalá. ¿Último logro? Antes de su estreno, El Cosmonauta ya ha generado más de 120.000 euros de ingresos por merchandising. Está claro que esta película tendrá un final feliz.

 

Teatro-dentroEl sector de la escena tampoco se ha quedado quieto. Aunque se anuncia previsiones de vender tres millones menos de entradas por la subida del IVA, han aparecido rebeldes con causa como el Teatre de Bescanó (Girona), que ha buscado la trampa en vez de cumplir la ley. Su truco consiste en que para ver una de sus obras ya no hace falta adquirir una entrada, sino comprar una zanahoria. Por la compra de esta hortaliza, que tiene un IVA reducido del 4%, se regala una entrada para el espectáculo. Otras salas como La Cuarta Pared en Madrid han lanzado promociones para personas con abono transporte, carné joven o tarjeta de paro. En cambio, existen casos en la escena a los que no les ha quedado más remedio que recortar. Un buen ejemplo es el Teatro Real que ha sustituido la representación de La Flauta Mágica por la Novena Sinfonía de Beethoven, que cuesta un 50% menos.

Otro ejemplo de ingenio es el del Teatro Prosperidad (Madrid) donde tiene lugar una circunstancia muy curiosa. Los clientes tienen entradas de diferentes colores y, en función de la que porten, permanecen toda la obra en la sala, o son sustituidos por otros nuevos, que ocupan sus localidades. “Según lo que pagues en taquilla tienes un ticket de un color u otro. Eso te da derecho a ver toda la obra o solo parte de ella”, explica Montse Martínez, responsable del centro e inventora de esta curiosa iniciativa bautizada como Teatro a un euro. No se trata de ninguna broma. Cada fin de semana, este coqueto teatro madrileño ofrece una nueva fórmula para disfrutar de la escena. Con esta iniciativa, cada espectador decide qué quiere gastar: desde un euro hasta doce. La obra representada se divide en diferentes sketches. Cada uno dura 15 minutos aproximadamente. Si el cliente solo ve el primero, abona un euro. Si decide permanecer más tiempo y ver el resto, tendrá que pagar tres euros por el segundo, otros tres por el tercero y cinco por el cuarto. “El último vale más porque siempre es de un actor conocido. En este caso contamos con Miriam Díaz Aroca”, añade Martínez.

Iniciativas como ésta son una buena fórmula para sobrevivir. Es más: este curioso invento ha permitido a este recinto, que cuenta con un aforo de 100 personas, ser más conocido. Gracias a ello, el resto de las representaciones, que son a precio normal, han ganado público. “La idea del teatro a un euro nos ha ayudado. A la gente le ha gustado. Solemos tener una media de 50 personas que acuden semanalmente, y a las que podemos tratar de captar para otras representaciones”, concluye la responsable del teatro.

camela-dentroLa música en directo también ha cantado sus penas con recortes de caché de hasta un 60% para poder seguir celebrando conciertos. “Con artistas como Zenet en algunos recitales voy con ocho músicos. Pero en otros, solo voz y guitarra. La moda del acústico es porque no te salen los números”, asegura Javier Liñán, responsable de El Volcán Música, empresa de representación de artistas. “Antes había una compañía de discos y un manager, que vivía de los bolos. Ahora todo está mezclado y los ingresos te vienen de muchos sitios. Por ejemplo de Youtube, donde se cuelgan los vídeos”, añade Liñán.

¿Otro ejemplo? Camela es el segundo grupo que más ha vendido en los últimos 20 años en España. Pero ni siquiera ellos son inmunes a la crisis, los recortes y al alza del IVA. “Hay que tener en cuenta que, durante años, los ayuntamientos y la Administración han sido los motores de la música al promover conciertos. Pero ahora, con un recorte del 60% en la organización de fiestas y eventos, no queda más remedio que adaptarse”, explica Ángel Luis Sánchez, miembro de ARTE, la asociación que aglutina la música en directo, y manager de Camela. Pero la necesidad agudiza el ingenio, y este grupo se ha visto obligado a entrar en las redes sociales para estar más cerca de su público. “Internet se emplea para comunicar todo lo que hace el artista. Además, las giras también han cambiado. Antes, artistas como Camela se limitaban a celebrar conciertos en verano. En cambio, ahora no queda más remedio que realizar también la gira invernal. Es la única forma de compensar la caída que supone la falta de fiestas veraniegas de los pueblos”, añade Sánchez. Está claro que con esta suma de ideas, será difícil acabar con la cultura, por mucho que algunos lo intenten.