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¿Qué hacer con los niños en verano?

El trabajo sigue y los hijos ya no tienen colegio. ¡Horror! ¿Cómo tenerles ocupados?  A continuación le ofrecemos algunas ideas, ligadas a negocios relacionados con la actividad estival. Comprobará que no tiene por qué agobiarse. Más aún si tiene la posibilidad de conocer las historias de algunas personas como las que les contamos a continuación.

Si ya es difícil saber qué hacer con los niños en verano, imagínate si tienes nueve y eres viuda. Pues eso es justo lo que le pasa a Paloma. Por eso esta madre, optimista por naturaleza, empieza a planificar las vacaciones de sus hijos en enero o febrero. “Hay de todo: campamentos organizadas por parroquias, colegios o asociaciones; los polideportivos ponen en marcha actividades, también, para los más pequeños; hay cursos de inglés… Yo soy muy partidaria de que los niños cambien de actividad en esos dos o tres meses del verano porque, si no, se acomodan”, reconoce.

La experiencia de esta madre de familia hipernumerosa es un tesoro. No solo por su extensa prole. También porque se dedica profesionalmente a una actividad muy demandada por los padres en verano: los cursos de inglés. Trabaja en Lengua y Cultura Inglesa, una veterana y prestigiosa academia que este verano gestionará el aprendizaje del idioma de cien chavales. Su organización es una de las muchas que pone en marcha cursos de inglés. El grueso del negocio se lo llevan las 60 o 70 empresas que forman parte de Asociación Española de Promotores de Cursos en el Extranjero –Aseproce–, una organización que vela por la calidad de todas ellas, y a las que cobra. “La demanda de cursos para este verano ha bajado un poco, como consecuencia de la crisis. Pero ha subido más de un 25% durante el año académico. El inglés sigue siendo el idioma estrella. El alemán está subiendo, y se pide algo de chino”, señala Marta Galea, secretaria general de Aseproce.

Cada academia tiene su sistema. Por ejemplo, Lengua y Cultura Inglesa se basa en dos criterios: grupos pequeños –15-18 personas, con un monitor formado en la academia– y un plan personal para cada niño, en función de su madurez, si ha salido o no al extranjero y de los deseos de los padres. “Por ejemplo, a Estados Unidos, donde trabajamos con una inmersión total en familias, no enviamos a menores de 14 años. Es mejor que vayan a Irlanda, donde tienen tres clases por la mañana, un monitor de 9 a 17 horas, y una excursión una vez a la semana”, explica Paloma.

Los chicos aquí están más arropados, porque coinciden con otros españoles, lo cual no quiere decir que no aprendan. Entre otras cosas porque, además de las clases, una de las normas es que los chavales no salgan de la casa de las familias después de las 17.00 horas. “Que lo aprovechen depende de su responsabilidad. Hemos tenido chicos que hablaban hasta con el conductor o con el abuelo de la familia, y chicas que estaban en condiciones óptimas, en una familia de cinco niñas, y se han encerrado en su cuarto”, dice Paloma.

Los cursos de idiomas, está claro, son una buena solución para chavales que pueden valerse por sí mismos. Según las últimas cifras de Aseproce, 105.000 menores de edad realizaron alguno en 2011. Una quinta parte, 20.000, los efectúa a través de algún campamento, una actividad a la que pueden asistir a partir de los 6 años. Por supuesto, en este caso se combina el aprendizaje de la lengua con el de otras actividades: multiaventura, campeonatos deportivos…

¿Pero qué pasa con los más pequeños? Afortunadamente, hay escuelas infantiles que permanecen abiertas todo el verano, bien a través de su actividad educativa habitual, o bien por medio de la organización de campamentos. Una de las que tiene más presencia es el Grupo ChiquiTín. Cuenta con 43 centros repartidos en nueve comunidades autónomas y atiende a 4.500 familias. Están especializados en la educación entre 0 y 3 años. “Acompañamos en el proceso natural del niño: la higiene, la alimentación, el gateo… No los tenemos aparcados”, señala Eva Bravo, responsable de Marketing y Comunicación de la compañía. Entre las actividades que proponen las hay relacionadas con la vida cotidiana, la creatividad, juegos psicomotrices, de desarrollo del lenguaje, experimentación con objetos…

Además de ChiquiTin, hay muchas otras escuelas infantiles que pueden ayudar a resolver las dificultades de los padres para atender a sus hijos, ya sea por la jornada laboral o porque tengan que hacer compras, por ejemplo. Entre ellas están Pequelandia o Nemomarlin. En la segunda ofrecen este verano Stories For Summer, una actividad en la que los niños , de 0 a 6 años, practican el inglés a través de cuentos, que son distintos cada semana.

Tanto Nemomarlin como ChiquiTin cuentan con amplitud de horarios –están abiertos entre las 7.00 y las 21.00 horas, aproximadamente–. Que haya muchas escuelas no quiere decir que sean un negocio muy lucrativo. “El año que viene y el siguiente serán duros”, explica Eva Bravo. El paro pasa factura. Los padres se plantean quedarse con los niños o dejarlos con los abuelos para poder ahorrarse el coste de la escuela. “No estamos peor que en años anteriores, pero estamos notando las consecuencias del desempleo”, añade la responsable de Marketing de ChiquiTin.

Sin salir de la ciudad. Si los niños son algo más mayores, los campamentos urbanos son una buena opción. Si lo que se quiere es enviar a los hijos un par de semanas fuera para que se lo pasen bien y aprendan, hay infinidad de posibilidades. Parroquias, colegios, asociaciones… Entre las regiones en donde más movimiento hay, según Juan Carlos Lesmes, experto en campamentos, está Cataluña. El Anuario Estadístico de esta comunidad autónoma refleja que en 2012 asistieron a actividades 215.607 jóvenes. Las plazas ofertadas en casas de colonias, albergues y campamentos juveniles han aumentado en los últimos cuatro años.

dot_01Con tanta oferta, los padres han de estudiar qué conviene a sus hijos. Para los que buscan algo más exclusivo, también hay posibilidades., como Gaia Camp. “No es el más caro, pero estoy en la franja alta. Eso sí: lo que doy, lo vale”, señala María García-Tuñón, responsable del negocio. No hay más que entrar en la web para comprobar el buen aspecto de las instalaciones. Los campamentos de verano se desarrollan en las dos quincenas de julio. Los chicos, de entre 6 y 14 años, tienen seis horas de actividades –cuatro horas de deporte y dos de inglés–, “y el resto del día no están solos ni cinco minutos”, señala García-Tuñón. Hay un monitor por cada cuatro niños, y las actividades están dirigidas por profesionales. La propia María García-Tuñón ha sido campeona de España de tenis, y da clase de este deporte; la monitora de voleibol pertenece a la Federación Española, al igual que el responsable de hockey. Esta característica, junto con el cuidado de las instalaciones, la higiene, la calidad de la comida y la profesionalidad en el trato personalizado con cada asistente, son los que suman para que el campamento cueste 1.600 euros. “Cada año acuden unos 1.000 niños. Repite un 70% de los asistentes. Lo lleno todos los años”, indica García-Tuñón. Una prueba de que los padres están satisfechos, y los chavales, también.

El zoo es otra opción para los chavales que están en Madrid. Unos 2.000 niños disfrutan cada verano de campamentos en este lugar. Entre las actividades que se ofrecen este año está la de aprender de los mamíferos terrestres, el planeta agua y la cara más cinéfila de los animales. La semana cuesta 180 euros. Faunia también dispone de oferta estival.

Y, por supuesto, están los campus deportivos. El Campusexperience del Real Madrid atendió el año pasado a 2.274 chavales. Está dirigido a niños y niñas de entre 7 y 17 años. Además de en deporte, pretende formar en valores como liderazgo, trabajo en equipo o respeto a los demás. El campus de fútbol interno cuesta entre 800 y 1.300 euros, según sea de una o dos semanas.

Como se ve, oferta no falta (aunque siempre podría haber más, claro). Ahora solo queda decidir a qué apuntarse.