Economía

Inmigración de lujo

Bajo este título debería referirme a la frustrada nacionalización belga de Bernard Arnault, dueño y máximo gestor del complejo de firmas de lujo LHMH quien, después de anunciar su huida fiscal a Bélgica ha decidido mantener la nacionalidad francesa a pesar de que las medidas fiscales de Hollande parecerían perjudicarle. Cabe incluso que sea una cuestión de patriotismo impostado o quizá que haya negociado que el aparente patriotismo no le resulte patrimonialmente perjudicial o no le impida arreglar su sucesión.

Pero no, por emigración de lujo quiero referirme a la salida de España de un número considerable de jóvenes bien formados que no encuentran trabajo en este país y sí lo encuentran en otros países de cualquier parte del mundo, desde Francia o Reino Unido hasta China o Australia, pasando por Brasil o Colombia, y solo cito los países en los que me consta que hay arquitectos españoles recientemente emigrados. No ganan un dineral, pero sí más que en España. Un caso éste al que no deberíamos mirar con los mismo ojos con los que miramos al del millonario francés. Parecería que para éste no existen alternativas fiscales en Francia con las que pudiera jugar a fin de minimizar el costo de su patriotismo. Sin embargo, en el caso de un joven estudiante español sí que, dedicando un cierto tiempo a la búsqueda, puede encontrar ofertas de trabajo en estudios de arquitectura (sigo pensando en este caso de Escuela Especial) más o menos cercanos a su lugar de residencia y en los que puede ser admitido aunque con un sueldo y unos horarios de casi explotación.

Seguramente los estudios de arquitectura en España no están para grandes gastos ya que, dada la caída de la construcción, los que se mantienen abiertos lo logran con pequeños arreglos lejanos a su vocación inicial de constructores de edificios. Sin embargo, sospecho que no es solo la falta de oferta de empleo por parte de los estudios lo que lleva a no pocos jóvenes a enviar su curriculum a estudios foráneos en donde tienen ya un amigo o amiga que ha servido no solo como contacto sino también como muestra del nivel de calidad de la formación que han recibido. Las entrevistas se pueden hacer por Skype sin necesidad de desplazarse a la otra punta del mundo y es posible que este pequeño esfuerzo les gane un diferencial salarial significativo a cambio del alejamiento de ciertas personas o hábitos o climas más cercanos a su experiencia como estudiantes. Esta emigración es también de lujo y como tal puede colmar el deso de ampliar horizontes en diversas direcciones. Aprender otro idioma en caso de que no se haya aprendido durante algunos veranos o en un Erasmus, conocer otros climas donde el sol se pone antes o no se pone nunca, desentrañar el significado de otras costumbres o incluso encontrar pareja “exótica” son todos ejemplos de verdaderos lujos a los que no hay por qué renunciar por un mal entendido patriotismo.

Ante esta situación hay mucha gente que critica a las autoridades económicas por dejarse arrebatar el capital humano y a los propios jóvenes por no devolver lo que en ellos hemos invertido los contribuyentes. Sin embargo yo no puedo unirme al cántico de esta palinodia pues me parece que estamos en presencia de la libre decisión de unos ciudadanos que utilizan su formación para buscarse la vida de la manera que más les gusta. El hecho de que tengan derecho a votar en España no puede ser razón para exigirles que se queden aquí perdiendo oportunidades mientras se deteriora su capital humano. Los contribuyentes no pagamos para enriquecer a nuestro país sino para generar un clima de fraternidad generalizada en el que cada uno pueda buscar su realización personal como y en donde quiera. No se puede negociar desde el Estado con cientos de jóvenes como se negociaría con un empresario particular.