Economía

La City quiere ser tecnológica

El mes pasado viajamos a Londres para conocer de cerca su renovada apuesta por las start-ups. En el siguiente reportaje puede leer lo que vimos y la confianza puesta desde la ciudad en la innovación de cara a sus futuros ingresos.

Aunque lleve varios siglos en el grupo de cabeza, Londres no está dispuesta a perder su atractivo para el mundo. Por eso, ahora que el poder económico comienza a alejarse de sus dominios, el imperio británico pone el foco en las start-ups para seguir creciendo. ¿Le saldrá bien la apuesta?

El Este de Londres se ha convertido en Tech City, un lugar donde emergen cada vez más empresas tecnológicas de reciente creación y delegaciones de grandes corporaciones: Intel, Cisco, Amazon, Google… El movimiento empezó hace más de una década, pero hace dos años y medio recibió un fuerte espaldarazo por parte del Gobierno. En noviembre de 2010, el primer ministro, David Cameron, y el alcalde de Londres, Boris Johnson, lanzaron la iniciativa Tech City para apoyar el crecimiento del cluster tecnológico del Este de Londres. Cuando la pusieron en marcha, había 200 compañías digitales en la zona. Hoy la habitan más de 1.300 empresas.

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El Gobierno inglés ha impulsado una serie de medidas que hacen más atractivo trabajar allí. Por ejemplo, el visado del emprendedor. Gracias a él, los nacidos fuera de la UE pueden establecerse en el Reino Unido en tres años en lugar de en los cinco habituales. Para conseguirlo, han debido ser capaces de generar diez puestos de trabajo o unos ingresos de cinco millones de libras. El país cuenta también con el impuesto más generoso del mundo -al cierre de este artículo- para las start-ups: el 50% de exención fiscal para las 100.000 primeras libras de inversión. A ello hay que añadir, entre otras medidas, incentivos fiscales para inversores y emprendedores, reducción en el impuesto de sociedades –del 24% actual bajará al 21% en 2014, el más bajo del G7 y el cuarto menor del G20–y una nueva ruta en la Bolsa de Londres –London Stock Exchange– para compañías de rápido crecimiento, el High Growth Segment, diseñado para que estas compañías puedan obtener financiación con una mayor facilidad.

Todas estas iniciativas ayudan a que la economía digital suba dentro del PIB del Reino Unido –ya supone el 8% y se pretende que llegue al 12% en 2016–, y a que los protagonistas de este sector estén considerablemente contentos con sus políticos. “La relación que tenemos con el Gobierno es sorprendente, en el buen sentido. Tenemos acceso directo a los que llevan a cabo las políticas que nos afectan. Escuchan y toman medidas”, señala Kam Star, desarrollador de videojuegos y creador de Digital Shoreditch, un evento que trata de reunir talento creativo, técnico y emprendedor en la capital londinense.

Como consecuencia de este entusiasmo, grandes compañías, empresas en crecimiento, incubadoras, emprendedores e inversores se juntan en la ciudad con un objetivo: conseguir un ecosistema del que fluya un negocio tecnológico que cree riqueza para el Reino Unido. Y parece que se van dando pasos. “La mayor diferencia respecto a lo que ocurría hace dos o tres años es que ahora tenemos una comunidad vibrante en torno a las start-ups”, señala Jon Bradford, director general en la capital de TechStars, una entidad formada por inversores y capital riesgo que provee de financiación a emprendedores.

Para este experto, la comunidad es más importante que el dinero, como se demostró en Boulder. Esta ciudad norteamericana se ha convertido en la cuarta comunidad más fuerte de start-ups en Estados Unidos. “Y eso que ahora hay menos capital riesgo que cuando empezó, hace diez años. No es una cuestión de dinero, sino de comunidad: que haya emprendedores, mentores e inversores que se junten para crear algo significativo y tangible”, añade Bradford.

Buscando la magia. Eso es lo que ocurre en otros lugares que han prosperado en el negocio tecnológico. “Si miramos a otros ecosistemas, como Nueva York, Tel Aviv o Silicon Valley, vemos que hay una tupida red en torno a las start-ups: muchos emprendedores, inversores, business angels, capital riesgo… Era algo de lo que carecíamos en Londres hasta hace poco. El cambio hacia ese espíritu se está acelerando”, señala Ezequiel Vidra, responsable de Campus, un edificio de siete plantas lanzado por Google en el Este de Londres en el que están trabajando cien start-ups. Por él han pasado más de 60.000 personas este año para asistir a distintos eventos.

Vidra cree que en el edificio se da una confluencia de talento en un momento oportuno, dos factores básicos que suelen propiciar “la magia” que da lugar a una empresa. Este ambiente propicia una moda que no existía antes. “Crear hoy una start-up en Londres se ha convertido en algo normal. Es un trabajo más. Antes era cosa de frikis”, señala Bradford.

Los exfrikis son cada vez más, y más importantes. Entre las empresas que se están consolidando en Londres está GREE, una firma japonesa de juegos sociales que este año prevé facturar entre 1.700 y 1.800 millones de dólares. En la capital británica cuenta con un equipo de 56 personas –ingenieros, diseñadores de juegos…– que se encarga de trabajar en productos para smartphones y tablets.

Otra de las compañías cada vez más asentadas en la City es Yammer, una red social profesional que se usa en más de 200.000 organizaciones repartidas por todo el mundo. El objetivo de esta firma, adquirida por Microsoft, es facilitar el trabajo en equipo, dar protagonismo a los empleados, más agilidad a los negocios y aumentar la conexión entre los empleados de la empresa. “Las personas se están moviendo masivamente fuera del e-mail para comunicarse de un modo más eficiente dentro de las compañías”, afirma Georg Ell, director general de la compañía para Europa, África y Oriente Medio. La frase tiene relevancia en el contexto de que Yammer cuenta ya con más de 7 millones de usuarios activos y ha multiplicado sus ingresos por tres en 2012. “Lo más importante para nosotros es conseguir engagement –tener al usuario enganchado–”, afirma Ell. La compañía cuenta con 85 personas trabajando en Londres, que habitan una oficina moderna que incluye elementos clásicos de las empresas de Internet, como el futbolín.

Pero, para oficinas atractivas, las de Mind Candy, creadora de la exitosa franquicia de juegos online Moshi Monsters. La sede está decorada para los niños –repleta de dibujos y césped artificial–, que la visitan con frecuencia para obtener el autógrafo del creador de la marca y para someterse al escrutinio de los empleados de la firma, que toman nota de todo lo que hacen mientras juegan. Moshi Monsters es una divertida comunidad online, en la que los niños pueden adoptar un monstruo, jugar, comentar sus aventuras con sus amigos… “Es como un Facebook para los niños”, señala Michael Acton Smith, consejero delegado y director creativo de la compañía.

La firma que dirige facturó 100 millones de dólares y ganó 17 millones en 2011, últimos resultados disponibles. La comunidad online acoge a 75 millones de niños, y la marca está tratando de expandirse hacia libros, juguetes, aplicaciones para móviles… “Crear entretenimiento para niños es algo realmente difícil”, admite Acton Smith, que al mismo tiempo se enorgullece de trabajar para una marca que pelea de tú a tú con Hello Kitty, Lego o Barbie por ser la preferida de los niños ingleses. La enseña ha intentado entrar en España, pero de momento ha tenido poco éxito. “La crisis, la mala traducción y el método de pago han sido las causas”, reconoce Acton Smith.

GREE, Yammer y Mind Candy son tres buenos ejemplos del tipo de empresas tecnológicas que puede crearse en Londres. Impulsar este tipo de negocios es atractivo, y eso se nota en la creciente afluencia a eventos de emprendedores tecnológicos. La moda de convertirse en uno de ellos se nota, entre otras cosas, en la cantidad de citas destinada a este público, que ha crecido de modo exponencial. Cuando Ezequiel Vidra llegó a Londres, hace cuatro años y medio, apenas había diez al mes. Solo en el pasado mes de febrero, hubo 130 en el edificio de Google. “Esto hace que la comunidad se junte más, y que lleguen nuevos miembros”, afirma Vidra.

El edificio de Google funciona, y buena parte de culpa la tiene Eric Schmidt, consejero delegado de la compañía. Un representante del gobierno inglés fue a verle a Silicon Valley para pedirle ayuda en el nuevo impulso de Londres como destino tecnológico. El ejecutivo se preguntó por qué no tener un centro de innovación en la capital, y lo llevó adelante. Junto a Google, Facebook es otra de las grandes compañías tecnológicas que ha apostado por Londres. “Aquí está nuestro único departamento de ingeniería fuera de Estados Unidos”, apunta Joanna Shields, ex vicepresidenta de esta compañía para Europa, Oriente Medio y África, y actualmente presidenta de Tech City en el Reino Unido.

La comunidad crece, los emprendedores aparecen, y con ellos los lugares que ayudan a emerger a las empresas tecnológicas. No cabe duda de que Canary Wharf es una de las zonas más icónicas del panorama londinense actual. En este lugar se ha llevado a cabo una auténtica regeneración en los últimos veinte años, que se ha traducido en la construcción de treinta y cuatro edificios de oficinas espectaculares. En la planta 39 de uno de ellos se encuentra Level39, el mayor espacio de Europa para que las empresas tecnológicas puedan diseñar y probar productos, así como buscar inversores. Es lo que los técnicos llaman una aceleradora, un elemento habitual en el entorno de las start-ups que ya funciona en países como España.

El primer cliente de Level39 es FinTech Innovation Lab London, una iniciativa de Accenture y las instituciones financieras más relevantes de la City para ayudar a los emprendedores a desarrollar y comercializar innovaciones relacionadas con el campo financiero. De momento han seleccionado siete emprendedores, que participan en un programa de doce semanas en el que se incluyen sesiones de trabajo, reuniones con usuarios y oportunidades de networking, todo ello, según la organización, avalado y dirigido por ejecutivos de primera línea del mundo financiero.

El espacio de Level39 está abierto para emprendedores de todo tipo. “Proporcionamos un aterrizaje suave, que hace más fácil para las start-ups venir a Canary Wharf”, señala Eric Van Der Kleij, responsable del centro. La inscripción cuesta 100 libras –116 euros–, y la cuota anual, 500 libras –580 euros–. Si se quiere alquilar un escritorio, hay que pagar 300 libras al mes –348 euros–. Y, si se quiere tener uno fijo, a 500 libras al mes. El precio de una oficina en el interior es de 1.200 libras al mes –1.405 euros–. Con vistas es más cara –1.400 libras al mes, 1.639 euros–. Si se quiere poseer acceso a un lugar más exclusivo, el Club Lounge, con posibilidad de encuentros con líderes de la industria e inversores, el importe es aún más elevado.

Emprendedores, aceleradoras, inversores, mentores… Londres trabaja en su peculiar ecosistema. Pero, si se compara con Silicon Valley, una de las dudas en torno a la ciudad como destino tecnológico es la posible carencia de una universidad como Stanford, de la que salgan talentos como los fundadores de Google o Facebook. Es algo que parece no preocupar a los dirigentes británicos. “En Londres hay un ecosistema fantástico. El talento viene atraído por la posibilidad de aprender y de empezar un negocio en el que poder trabajar. Tenemos cincuenta universidades líderes, muchas de ellas en cabeza del ranking global. Contamos con más estudiantes internacionales que cualquier otra ciudad”, señala Gordon Innes, consejero delegado de London & Partners, entidad que promociona la ciudad como destino tecnológico.

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Entre las universidades más centradas en innovación está Ravensbourne, especializada en medios digitales y diseño. Cuenta con 1.900 estudiantes, que tienen la posibilidad de verse envueltos en proyectos muy interesantes. Entre los más destacados del curso pasado se encuentra la participación en los Juegos Olímpicos y en el encuentro anual de ideas que la Fundación Mozilla organiza en el Reino Unido. Los estudiantes han tenido también la posibilidad de especializarse en diseño en 3D, y de tomar parte en una exitosa competición fílmica que ha contado con 300 participantes. ¿Será un buen caldo de cultivo para que vayan apareciendo talentos?

En cualquier caso, cuando se compara esta ciudad con Silicon Valley, los implicados en la apuesta de Londres barren para casa. “Nosotros les respetamos, pero nuestro foco es otro”, señala Pru Ashby, responsable de acuerdos con empresas en Tech City. “Silicon Valley no es perfecto. No es necesario que tu empresa esté allí”, añade Ezequiel Vidra. Lo que parece claro es que las grandes empresas tecnológicas han surgido de allí. Ahora está por ver si los británicos son capaces de conseguir algo igual. “Yo no sé si podremos crear algún día compañías tan grandes como Facebook o Google, pero sí pueden empezar aquí”, dice Vidra. ¿Se conformarán con ser los segundos? ¿No acaban de confiar en sus posibilidades? Dentro de un tiempo veremos si la apuesta cobra o no valor para los londinenses.