Economía

¡Que vienen los rusos!

Irina Nifontova tiene 24 años y vive en Moscú. Licenciada en traducción, enseña inglés mientras aprende español en el Instituto Cervantes de la capital rusa. Con 19 años, se interesó por nuestro idioma para entender las letras de las canciones de Shakira. Después le fascinó toda la cultura hispanohablante y, hace dos veranos, viajó por primera vez a España. “Me fui sola a la Costa Brava, pasé unos días en Barcelona y visité el Museo Dalí de Figueras. Me gustó muchísimo”, recuerda. Aunque aún no lo tiene cerrado en el calendario, volverá en cuanto pueda: “Quiero conocer otras partes del país”.

El empresario ruso Victor Ivanov, de 40 años, ya lo ha hecho. Optó por recorrer varios puntos de la geografía española como paso previo a decantarse por uno. Visitó Marbella, Valencia, Madrid y Barcelona antes de comprarse –al contado– un ático dúplex en Sant Cugat del Vallés (Barcelona), donde se trasladó con su familia aunque sigue trabajando en Moscú. En la capital rusa se dedica a la venta y alquiler de viviendas unifamiliares, pero él  ha decidido vivir a media hora de la Ciudad Condal: “Es un conjunto de todo, buena educación para mis hijos, clima, playa y montaña”.

Elvira Palmer es una economista de Siberia que tiene 35 años. Hace trece, cuando pocos de sus compatriotas se interesaban por nuestro país, viajó a Mallorca y conocer al que luego sería su marido le llevó a deshacer las maletas. Trabajó de guía turística, pero hace dos años y medio vio claro dónde había negocio. “Era necesario un puente entre Mallorca y Rusia y monté una empresa de asesoramiento para representar a compañías españolas que quieren atraer al cliente ruso”, cuenta. Hoy Mallorca & Rusia tiene clientes inmobiliarios, turísticos, hosteleros y del mundo de la medicina. Además, edita dos veces al año una revista con esa doble visión.

Los protagonistas de estas tres historias en primera persona no se conocen, pero dibujan varios de los prismas de una nueva realidad. España gusta en Rusia. Y mucho. Y lo mejor es que ese interés creciente aún tiene mucho recorrido. “La comunidad rusa es bastante joven. Existe sólo a partir de los años 90, antes casi no había ningún ruso en España. Pero no es una moda pasajera. Hay una historia amistosa detrás y muchos atractivos: el sol, la playa, el descanso, la cultura, la cocina… Todo está en desarrollo”, avanzan fuentes de la Embajada rusa en Madrid.

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Muchos de los datos así lo demuestran pero, sin duda, nuestro gancho en el país más extenso del planeta es el turismo. En 2012, fueron 1.206.000 los turistas rusos que visitaron España, una cifra que casi duplicó la de dos años antes, cuando fueron 635.000 los que nos eligieron. ¿Por qué este interés a partir de 2010? “Había mucho trabajo previo, empezamos a realizar acciones directamente en el consumidor final, ampliamos el número de destinos, no sólo a Cataluña, y también influyó la evolución económica de Rusia. La numerosa clase media en un país de 142 millones de habitantes empezó a viajar”, desvela el consejero de Turismo en Moscú, Félix de Paz.

Ahora bien, este crecimiento a ritmos anuales de casi el 40% no se puede entender sin otro aspecto en el que España se ha demostrado alumno aventajado en la UE. “Entre las campañas de 2010 y 2011 se flexibilizó la política de visados porque se estaba generando una demanda y había que atenderla”, apunta De Paz. Rapidez es la palabra clave. El Consulado de Moscú creció en personal y los siete días laborables que se tardaba en tramitar un visado quedaron en cuatro. Las estadísticas también se duplicaron en tres años. “Sólo en el Consulado de Moscú (hay otro en San Petersburgo) se emitieron 442.000 visados en 2010 [a un precio de 35 euros], mientras que la cifra llegó a los 877.000 en 2012. Es una lástima que los visados nos impidan incrementar aún más el número de visitantes”, recuerda el consejero de Información de la Embajada de España en Moscú, Fernando Villalba. La Embajada rusa se felicita por este cambio, pero también es claramente partidaria de eliminar los visados.

Así, en 2012, España se convirtió en el primer destino europeo para los turistas rusos y el tercero a nivel mundial, después de Turquía (considerada Asia en las estadísticas) y Egipto, países que no exigen la visa. Además, no hay encuesta oficial o extraoficial en la que España no aparezca en el podio de los destinos favoritos.

¿Cómo es el turista ruso? Su perfil está definido: es tranquilo, viaja en familia, pasa entre una y dos semanas en hoteles de la costa (Cataluña, Baleares y Canarias son sus regiones preferidas) y, después, pernocta una o dos noches en la ciudad a la que llega en avión. Allí visita museos, catedrales, come, compra.. y consume lujo. “El cliente ruso no sólo busca productos, sino también experiencias de lujo. Busca la exclusividad”, apuntan en la Asociación Española del Lujo. De hecho, gasta un 50% más de lo que, de media, se dejan otros extranjeros. Su gasto por persona fue de 1.535 euros en 2012 y su impacto económico, de 1.851 millones.

Por si fuera poco, vuelve. Los números que manejan los turoperadores apuntan a que la tasa de repetición en cinco años supera las tres veces. La conclusión para De Paz es definitiva: “Es el turista prototipo que nos gustaría tener”.

Las perspectivas, de momento, no pueden ser más positivas. “El recorrido es enorme. Hay mercado hasta los 2 ó 2,5 millones de turistas siempre y cuando Rusia siga creciendo, el precio del petróleo no baje y el euro no suba”, destaca De Paz para pronosticar que el crecimiento este año no bajará del 30% por lo que se podría cerrar 2013 con 1,5 millones de llegadas. “Tramitamos 10.000 visados al día”, adelanta Villalba para llamar la atención sobre el hecho de que estamos ante el descubrimiento de un tercer gran país europeo (tras Reino Unido y Alemania) que no tiene costa mediterránea y que elige España como lugar de vacaciones porque está a sólo cinco horas de vuelo.

Además, hay otros dos aspectos que nadie pasa por alto. Por un lado, que los incidentes en Turquía, si se prolongan, pueden beneficiarnos como un destino más seguro y, por otro, que sólo quince millones de rusos (el 10% de la población) se han liado a hacer las maletas para conocer mundo. El potencial es enorme.

El importante fenómeno del turismo desemboca, cada vez más, en otra derivada: la inversión inmobiliaria. Hay unanimidad. Como en el caso de Victor Ivanov, visitar España es el paso previo a la compra de vivienda, principalmente, en la costa. Si en 2006 los rusos adquirieron 296 viviendas en el país (fueron la decimoquinta nacionalidad en compraventas), en 2012 la cifra se multiplicó por ocho: compraron 2.399 inmuebles (pasaron a ser la tercera nacionalidad), según el Colegio de Registradores de la Propiedad.

Las casas con vistas al Mediterráneo (Cataluña, Costa Blanca y Costa del Sol) atraen. España es el segundo país en el que los rusos invierten más en residencias y esta tendencia creciente ha hecho proliferar las inmobiliarias y las ferias en ambos países. Muchas agencias se han reciclado. Por ejemplo, en 2011 se puso en marcha el Russian Meeting Point y, de momento, se han celebrado cuatro ediciones, dos en Barcelona y otras dos en las localidades malagueñas de Marbella y Benalmádena. En cada una de ellas se cerraron operaciones por entre 120 y 200 millones de euros.

El director de este evento, Enrique Lacalle, dibuja dos oleadas de inversión. La primera, entre 2008 y 2009. Entonces fueron unos pocos y de clase alta los que se lanzaron a comprar en la costa. “Adquirieron las mejores casas, en las mejores zonas y con talonarios potentes”, revela. “A partir de 2010, vinieron clases medias a comprar chalés adosados o apartamentos”, remarca para insistir en que el crédito siguen tocándolo poco. Pagan al contado.

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La crisis no ha empeorado la imagen de España ni sus relaciones comerciales. Sin embargo, los rusos sí se están beneficiando del ajuste de precios que ha motivado el pinchazo de la burbuja inmobiliaria. “Los precios son atractivos. Es el paraíso, es más barato comprarse una villa en España que un apartamento en Moscú”, admiten fuentes oficiales.

No vienen por razones de política interna, no hay exilio de ese tipo, sino económicas y de bienestar. Con casi 58.000 rusos censados en España –cuando en 1998 apenas superaban los 2.500, según el INE– también en este punto sale a relucir la política de los visados. “Cada tres meses el ruso tiene que salir para volver a entrar. No puede vivir permanentemente en España. Si se levantara esta restricción, aumentarían”, avisan en la Embajada rusa.

De plena actualidad está, además, la decisión del Gobierno de conceder, a partir del próximo 1 de enero, la residencia a quien compre en España una vivienda de más de 500.000 euros o quien se haga con más de dos millones de euros de deuda española. “Estamos a favor, es una medida muy favorable para quienes quieran vivir en España”, reconocen desde la Embajada rusa. “No se habla de otra cosa. Hasta ahora solicitar el permiso de residencia era una tómbola y si hay pautas claras, elevaremos nuestro atractivo inversor”, presagia el vicepresidente de la Cámara de Comercio Iberorrusa, Rafael del Castillo Ionov.

El abogado Antonio Blázquez, del despacho Martínez-Echevarría –con presencia en Moscú desde septiembre, pero que lleva una década asesorando a clientes rusos–, asegura que el límite del medio millón de euros está en línea con otros países europeos como Portugal y avisa de que  primero se habló de un límite de 160.000 euros para “ver la reacción de los españoles y despertar aún más el interés ruso”.

Sin embargo, sería engañarnos pensar que somos una de las jurisdicciones favoritas de los rusos para invertir. No es así. Nos quieren por nuestro sol y playa, como los nórdicos en los años 70. Nadie discute que vienen a descansar, no a trabajar. “España está de moda, pero no para hacer negocios”, asegura Del Castillo.

El atractivo empresarial de España en la república exsoviética  hay que mejorarlo mucho. Además de la inmobiliaria, hay otro tipo de inversiones en bodegas, hoteles, clubes de tenis, parkings, infraestructuras o manantiales (recuerda Blázquez como asesor), pero no son representativas.

El vicepresidente de la Cámara de Comercio Iberorrusa es tajante: “No hay estadísticas oficiales sobre empresas rusas asentadas en España, pero nos consta que son una minoría”. Muchos rusos crean empresas como vehículos para canalizar su inversión en activos inmobiliarios o constituyen sociedades fantasma para tramitar el permiso de residencia.

De hecho, sólo dos multinacionales, la aerolínea Aeroflot y la petrolera Lukoil, se han asentado en España. La primera tiene un centro de operaciones en Barajas, mientras que la segunda abrió en abril de 2012 una nueva terminal en el Puerto de Barcelona. Invirtió 50 millones. “Nuestra principal y única razón para invertir en el país fue el negocio. Miramos mercados para vender y España está cerca de Italia [en Silicia tiene una importante refinería]. Encontramos un buen partner español, Meroil, y suscribimos una joint venture al 50%”, reconocen en la petrolera.

¿La explicación? “Las grandes seguirán sin venir porque desde un punto de vista normativo y fiscal existen otros países vecinos que ofrecen mejores condiciones. También los casos iniciados por la Audiencia Nacional contra grandes empresarios rusos [Rusal y UGMK] hacen un flaco favor a nuestra imagen como destino de inversiones”, advierte Del Castillo para avisar de que estamos dejando pasar la oportunidad de ser el puente hacia América Latina. La Embajada rusa también entona parte del mea culpa: “Hay pocas empresas rusas en España como reflejo de la situación de dependencia excesiva del petróleo y  del gas”. En sentido inverso, son muchas más: Repsol, Iberdrola, Talgo, OHL, Roca o Inditex, entre otras compañías, están allí.

Poniendo la lupa en las pymes, el panorama no es más alentador. Son sólo unas pocas las empresas de servicios que los rusos regentan en localidades de la costa catalana y levantina. Por lo general no superan los cinco trabajadores.

En conjunto, las exportaciones de España a Rusia en 2012 se situaron en los 2.930 millones pero, pese a crecer un 16%, el saldo fue negativo porque las importaciones –sobre todo, de petróleo– fueron de 8.000 millones, recuerda Villalba. “Las relaciones económicas son buenas, pero mejorables. Debemos derribar nuestros prejuicios y dar el salto a Rusia como muchos otros países de nuestro entorno”, reta Del Castillo para destacar la importancia que tuvo el año bilateral de España-Rusia celebrado en 2011.

Rusia11Vínculos culturales. Los lazos entre ambos países, sustentados por una buena relación histórica, van mucho más allá de lo económico. El interés por el español es cada vez más notable: es la segunda lengua que más crece junto con el italiano. Si en 2002 había 111.900 rusos con algún conocimiento de español, ocho años después eran 152.147 –un 36% más–, según el INE ruso. Los alumnos de la casa del español también se han multiplicado. En el curso 2001-2002 no llegaban a los 400 y, diez años después, superan los 5.000, avanza el director del Instituto Cervantes en Moscú, Josep María de Sagarra.

Existe otra tendencia que pone de manifiesto que deberíamos pelear por ser el puente hacia América Latina. “España atrae a las personas físicas, América atrae a las jurídicas. Cada vez hay más rusos que optan por nuestro país para estudiar frente a otras universidades hispanohablantes por su proximidad, calidad de vida, clientes y contactos”, apunta De Sagarra.

También son muchas las iniciativas sociales y culturales para divulgar las tradiciones rusas. Rusia Hoy, por ejemplo,“da a conocer materiales periodísticos de calidad sobre la realidad rusa”, cuenta Lesya Belanenko, la representante en España de la edición. Además, la Embajada abrió en 2011 en Madrid el Centro de Cultura y Ciencia y, entre los proyectos privados, destaca la Fundación de Amigos de Rusia –que integra abogados, políticos e incluso un juez ruso que residen en la Costa Dorada– o Casa Rusia, una comunidad virtual para “ofrecer una visión objetiva y útil del país”, según apunta su director de Contenidos, Antonio Lite.

En lo religioso, también se ha notado que vienen los rusos. Si en 2007 se inauguró en Altea (Alicante) el primer templo ortodoxo en territorio español, en mayo abrió sus puertas en Madrid la primera catedral ortodoxa.

“Estamos ante un fenómeno nuevo, desconocido pero de gran importancia. Un país del que casi no teníamos noticias está interesado en España”, llama la atención Villalba. “No es algo pasajero, es un mercado muy grande que va a durar años. En toda Rusia caben diez Españas”, avisa Elvira Palmer. El sentir es general: hay que aprovecharlo.