Economía General

El ciclón de los nativos digitales

Será en un breve espacio de tiempo cuando la forma en la que educamos y aprendemos cambiará radicalmente. Dentro de poco los alumnos de educación infantil de cualquier centro de nuestro país se especializarán en trabajos que todavía no existen y utilizarán a diario una tecnología que aún hoy no ha sido inventada. En menos de una década estas mismas personas inundarán el mercado laboral con nuevas cualidades, conocimientos y aptitudes.

Podemos asumir unos 150 mensajes e impactos diarios originados por otras personas. No son desde luego suficientes dada nuestra actual interacción a través de las diferentes plataformas tecnológicas. Los nativos digitales podrán asumir más de 350 diarios, y un alto porcentaje de ellos serán estímulos generados por la propia tecnología sin intervención de un ser humano, de forma totalmente autónoma. Aunque nosotros no podamos asumir tal cantidad de información, nuestros hijos lo harán. Es el llamado retraso genómico. Nuestra generación no está preparada para manejar correctamente la gran cantidad de estímulos, personas y relaciones que las tecnologías nos permiten mantener. Estamos limitados por el célebre número de Dunbar, que es la cantidad de relaciones sociales que, por el tamaño de nuestro neocórtex, podemos mantener al mismo tiempo, y que situó en 150.

Decía Marc Prensky, el prestigioso gurú y conferenciante experto en e–learning, que «los alumnos han cambiado de forma radical. Ya no son las personas para las cuales ha sido diseñado nuestro sistema educativo». Los nativos digitales nacidos a partir de 1985 pronto vertebrarán una nueva sociedad en la que se creará una ruptura generacional como jamás antes se había producido en la historia de la humanidad «nunca en un espacio de tiempo tan reducido». Vamos a ver cómo durante muchos años convivirán dos generaciones: los hijos del baby boom y los nativos digitales. Solo nos separan treinta años y, sin embargo, seremos muy próximos y distantes a un mismo tiempo.

La revolución del e–learning 2.0 llegará a los colegios de nuestros hijos, que vivirán una reestructuración similar a la que Internet ha vivido con las nuevas tecnologías y la aparición de la web 2.0. El alumno no será un receptor pasivo del mensaje, sino que interactuará con él, lo que cambiará el rol del educador. A aquél se le hará partícipe de la comunicación, que dejará de ser un canal unidireccional para convertirse en un nuevo medio que incentiva y estimula el alto rendimiento intelectual, así como revoluciona el mensaje del aprendizaje.

El lugar natural de un profesor pasará a ser el de un inmigrante mal integrado frente a sus alumnos. Su relación frente a la herramienta principal, la tecnología, estará en clara inferioridad de condiciones. Los estudiantes, desde muy temprana edad, serán usuarios expertos en tecnología y podrán manifestar un rol paritario por medio del uso de las herramientas más comunes en el entorno escolar. La escuela va a pasar a ser una comunidad colaborativa que potencia y modera el aprendizaje en el seno de un ecosistema de información que aprende y comparte elementos, que interactúa y mantiene en un mismo rol al alumno y al profesor. En definitiva, se acabaron las clases magistrales y los pedestales académicos. Mucho me temo que una parte importante del personal de nuestros colegios y universidades se sentirá desubicado e incluso en ocasiones atacado por esta nueva situación y este nuevo rol al que se verán abocados.

Se acerca un tiempo fascinante en el que podrán desaparecer, si la tecnología se utiliza de forma apropiada, las graves deficiencias educativas actuales. Intentemos no desaparecer con ellas por no querer entender a esta nueva especie: los nativos digitales, tan iguales y tan diferentes al mismo tiempo, y que están llegando para quedarse.