Economía General

Ley de emprendedores. Oportunidad y esperanza

Emprendedor: dícese de aquel que por iniciativa propia -gestionando medios propios y ajenos- con su formación, inteligencia y voluntad, inicia, continúa o recupera una empresa en el ámbito de la actividad económica dentro o fuera de su país. Obviamente no es la definición del Diccionario de la Real Academia, sino el resultado de la experiencia vital y profesional. Emprendedor es el autónomo que ejerce su profesión: desde un electricista a un músico, desde un pescadero a un pintor o a quien hace una sociedad limitada…

La necesidad que produce la crisis económica supone un cambio de rumbo en la vida de la población. Miles de personas han pasado de la serenidad de gozar de un contrato fijo a la aventura de convertirse en nuevos empresarios. Cada uno en su escala. Y todos ellos lo hacen desde el trabajo responsable. Ojo, que no estamos hablando de una transformación de la cultura personal y la actividad económica. Se refiere también a poner a disposición del Estado toda la actividad que desarrollamos para la evolución de la sociedad, aunque éste debe también proveer todos los medios necesarios y adecuar sus instituciones para permitir el crecimiento empresarial de sus ciudadanos.

La nueva Ley de Emprendedores busca, precisamente, esta transformación. Cuenta para ello con medidas de estímulo, fiscales y de rebaja a las cotizaciones sociales, así como innovadoras medidas que deben llevar a la recuperación de la actividad empresarial en España. Pero esta norma, que entrará en vigor el 1 de enero, trae consigo algo más: medidas tranquilizadoras, como la salvaguardia del hogar familiar inferior a 300.000 euros de las deudas de los empresarios de responsabilidad limitada, o la simplificación de los trámites administrativos, entre otras muchas.

Sin embargo, existen varios aspectos que resultan mucho más populares: facilidades para residencia por inversión, creación de empresas con aportación sucesiva de capital partiendo de cero euros… Aunque otras, tienen más carácter constitucional que otra cosa: el derecho a una vivienda digna, la llamada segunda oportunidad -que lucha contra la política depredadora del Estado y la sociedad- en la negociación con Hacienda y la Seguridad Social.

Antes de terminar, me van a permitir un pequeño apunte. Hace poco he viajado a Nouakchot, Mauritania, donde hemos podido visitar la ventanilla única de creación de empresas y apoyo al inversor extranjero. Allí la acogida ha sido excepcional. Nos han recibido el director general, el subdirector y el representante de aduanas. Todos ellos nos han explicado las ventajas y tratamientos que tendríamos según los sectores, así como la importancia de la zona franca y del tratado preferencial con España. Todo ello sin olvidar el asesoramiento que nos ha prestado la embajada de España.

Esto entronca directamente con esta nueva Ley de Emprendedores, en la que se pone a la administración del Estado, y otros órganos como el ICO, el ICEX o los nuevos entes de financiación, a disposición de las empresas.

Si conseguimos que se aplique esta ley y, sobre todo, que se conozca, será el impulso definitivo para la internacionalización de nuestra economía. Es un texto pensado para el cambio de mentalidad y para los hechos. En definitiva, una ley para la ESPERANZA