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Sagardoy: “En dos o tres años crearemos empleo con regularidad”

Los responsables de uno de los bufetes más prestigiosos en legislación relacionada con el trabajo consideran que se están viendo los primeros frutos de la reforma laboral. En su opinión, las nuevas normas van a traer a nuestro país profundos y positivos cambios culturales y, sin ellas, habríamos ido al desastre.

Aunque pertenecen a dos generaciones distintas, Juan Antonio (78 años) e Íñigo Sagardoy (44 años) coinciden plenamente en el diagnóstico de la actual sociedad española en crisis. Habíamos subido tan alto en la montaña, el nivel de vida y las prestaciones se alejaban tanto de la realidad, que la caída está siendo mucho más dura. Es una situación distinta a la que pudo ver Juan Antonio, el patriarca y fundador del despacho, en los años 40. Entonces no había donde caerse, porque el nivel era mucho más bajo y había muchas más carencias. La rígida legislación laboral, afirman padre e hijo, ha hecho que el paro se haya disparado. Pero los cambios realizados en la normativa hacen que se empiece a ver la luz al final del túnel. Los grandes procesos de reestructuración efectuados en 2009 y 2012 ya no se producen. Y en el horizonte de dos años podemos estar creando empleo con regularidad. Dios les oiga.
—¿Por qué está siendo tan dura la crisis?
— Íñigo Sagardoy (IS): Está siendo una crisis muy a la española. El impacto en el empleo es tan espectacular y abrupto que llama mucho la atención fuera del país. La brusquedad de la caída se ha debido a que la legislación laboral no estaba adaptada a una situación de crisis. Empresas con grandes pérdidas seguían subiendo los salarios un 4% o un 5% en 2009, 2010 y 2011. Eso no pasaba en otros países que tenían descensos del PIB iguales o mayores que España.
—¿Hasta qué punto supone un cambio cultural?
—IS: El cambio es muy profundo. No solo requiere un cambio normativo: hace falta que se traslade a los sindicatos, empresarios, jueces… Lleva tiempo. Lo iremos viendo, pero hay situaciones en las que ya se actúa de modo diferente. Los sindicatos plantean alternativas distintas a la extinción de contratos. La reforma laboral va dando frutos antes de lo que pensábamos. Ha paralizado la destrucción de empleo. Los empresarios están adoptando medidas para sobrevivir. Antes no podían hacerlo.
—¿Qué hubiera pasado si no hubiera habido reforma?
—Juan Antonio Sagardoy (JAS): A mí me gusta mucho emplear símiles médicos. Y la reforma laboral tiene mucho de cirugía. Es una cirugía que a nadie le gusta, y que tiene efectos dolorosos. Dicho esto, cualquier persona que se somete a una cirugía necesita un tiempo de recuperación. Tras una operación quirúrgica, no te vas de copas enseguida. Si aquí hubiera seguido la legislación laboral triunfalista y generosa, hubiéramos ido al desastre. La reforma ha propiciado empresas más competitivas, que luchan en mejores condiciones en este mundo global. Siempre hay que mantener unos estándares y niveles de protección dignos. No hay que ir a salarios indonesios. Se trata de tener unas condiciones laborales parecidas a las de Europa. Y nuestras condiciones de despido de 33 días están por encima de la mayoría de los países del continente. Esta reforma es el camino para que en dos o tres años estemos creando empleo con regularidad.

A padre e hijo se les ve satisfechos con la reforma laboral. Como ellos dicen, no crea empleo, pero remueve obstáculos para que surjan cuando la economía posibilite a los empresarios vender sus productos. De momento, el ingente número de casos con el que han trabajado les ha permitido ver que una rebaja del 10% en los salarios ha salvado, en más de una ocasión, varios miles de empleos. Medidas como la reducción de sueldo o de jornada que también han sido un salvavidas para aquellos empleados con talento. Algo que satisface, a partes iguales, tanto al trabajador como a la empresa.
—¿A qué se refieren cuando hablan de cambio cultural? ¿Se acabó la mentalidad de funcionario, de un empleo para toda la vida?
—JAS: Vamos a pasar de un empleo para toda la vida a toda la vida con un empleo. Aunque no sea la misma ocupación, en la misma ciudad y en la misma especialidad.
—IS: Hay empresas que valoran que el empleado tenga distintas experiencias. El empleo para toda la vida ya no existe. La gente se recicla. Busca un cúmulo de experiencias, no necesariamente en el mismo campo del que venían. Esta circunstancia hace al empleado más empleable.
—¿Y los sindicatos? ¿De verdad se está produciendo un cambio de mentalidad en su seno?
—IS: Los sindicatos tienen un mensaje más macro, de cara al gran público, en el que dicen que están en contra de esta reforma, y otro más micro, en el que son los primeros en las reuniones a la hora de apostar por medidas menos traumáticas que las de extinción. Los sindicatos deben cambiar. En el futuro deberían ser más de servicios y menos de pura negociación de las condiciones laborales. Dar otros servicios, como ocurre en otros países. Ser menos burocráticos, más cercanos a la gente, a las empresas, y dar una visión de menos cercanía al poder.
—JAS: Los sindicatos lo tienen muy difícil. Hay que darles ánimos, porque están entre dos aguas. Por un lado, es difícil decirle al trabajador que se sacrifique más. Son los guardianes del mercado de trabajo. Por otro, saben que hay que hacer reformas poco gratas para salvar empleo. Y es complicado decir toda la verdad a tus clientes. Están dando ejemplo de responsabilidad en la negociación. A nivel global, su labor es menos inteligible. Eso de que gane el trabajo y pierda el capital, no siempre tiene consecuencias positivas. Es un error que hayan surgido muchas voces contra los sindicatos, cuando han sido un elemento de estabilidad importante. Aunque hayan hecho cosas mal. Hay que lograr que transmitan con valentía el mensaje.
—IS: Los sindicatos tienen un reto importante con la globalización. Muchas multinacionales son globales, y los sindicatos son locales. También la conexión con el Gobierno. Las subvenciones son otra lacra que hay que combatir.
—¿Está ya acabada la reforma laboral o se puede temer otra vuelta de tuerca?
—JAS: Falta perfeccionarla, pero no apretar más. Ahora se trata de ver cómo funciona y corregir. En España tendemos a que la legislación sea permanente, cuando se ha hecho para un momento concreto. Si se ve que no funciona, se puede cambiar. Quizá lo único que incluiría es a las agencias privadas de colocación. Se ha demostrado que el sistema público solo crea el 3% de colocaciones. Salvemos los escrúpulos ideológicos. Si no funciona, se cambia. Demos más facilidad para emplear.
–IS: Lo sustancial se ha hecho. Se podría pensar en una segunda fase en un periodo de mayor expansión. Hacer retoques y animar en materia de contratación. Ya se han tomado algunas medidas de calado: la simplificación de los contratos, por ejemplo, para que se emplee de modo más sencillo cuando haya un periodo expansivo.

Si la reforma laboral parece estar dando sus frutos, acabar con ella parece un disparate. Por eso hay una pregunta obligada. ¿Qué opinan estos expertos del anuncio hecho por Alfredo Pérez Rubalcaba, en el que dice que acabará con ella si llega al Gobierno? “Si está evitando la destrucción de empleo, atrae inversiones, las empresas son más competitivas… No entendería que se eliminase”, dice Íñigo. Y su padre va aún más lejos. “Estoy convencido de que no lo hará. Conozco muy bien a las personas que se ocupan de estos temas en el PSOE. Alguna cosa cambiarán, pero, la esencia, no”. Por eso parece que la declaración del líder de los socialistas fue un brindis al sol. También habría que poner en cuarentena otras frases grandilocuentes.

—El FMI habló hace un tiempo de la necesidad de bajar un 10% los salarios de los españoles. Es algo que no se entiende muy bien.
—IS: No es la solución. Habría que verlo en el caso particular de cada empresa.
—JAS: España tiene un problema con la estructura del salario. Habría que tener uno mínimo para vivir dignamente y, cuando las cosas vayan bien, que los empleados cobren más. Si no se premia el esfuerzo, es difícil creer en un mercado activo y saludable para la buena marcha del país. Hay un problema en España con las cuantías fijas. Habría que tener variable para bien y para mal.
—Las empresas suelen quejarse de lo que les cuesta la Seguridad Social de sus empleados. Durante la crisis, se ha dado la tendencia de contratar autónomos. ¿Creen que puede ser una tendencia que se consolide?
—IS: Es algo que pasa siempre. En periodo de crisis, entre otras medidas, se contratan autónomos. Otro asunto es si hay fraude o no. Pero, si no lo hay, es una prueba más de que el empleo ha cambiado. Cada vez hay más trabajo por proyectos. Es perfectamente legal.
—JAS: La Seguridad Social consume unas cantidades monstruosas de dinero a diario. Lo mismo sucede con los pensionistas, que son cada vez más. Si solo la empresa se ocupa de las pensiones, se produce un sistema muy poco competitivo. La salida de los autónomos proporciona un elemento de reflexión al Gobierno, de cara a hacer algo por ella. Los empresarios quieren salir de este gasto inmenso, que supone el 30% de sus costes. Se trata de poner más carga en los impuestos que en la contribución de la empresa y el trabajador. Un sistema más anglosajón. No más impuestos, sino distribuir mejor el gasto.
—¿Qué solución hay?
—JAS: No hay más solución que cambiar nuestro sistema de pensiones. Cada vez se da más y se recoge menos. Si seguimos así, todos los expertos dicen que en 2040 se colapsará el sistema. Hay que facilitar que el trabajador se vaya construyendo su capital del futuro. Para hacerlo, necesitamos un Estado generoso y más pragmático. Que del 20% del salario que se destina a impuestos, el 5% vaya a la pensión futura con una desgravación del 100%. De este modo el Estado se ahorra lo que no va a poder pagar y el empleado va a poder tener una jubilación.
—¿Hay algún espejo en el que fijarse?
—JAS: Ninguno. Hay países que son pura capitalización, y en ellos hay mucha pobreza y pensiones muy malas. La gente piensa que Estados Unidos tiene las mejores pensiones y cuenta con las peores. Se dice que Chile posee el mejor sistema de Seguridad Social, pero no lo conozco en profundidad. Los países europeos tienen problemas. Cada vez que sale una noticia en el BOE sobre las pensiones, es mala. Que bajan, que aumenta el periodo de carencia… Todo por la desesperación de intentar cuadrar las cuentas.
—Se suele decir que el ajuste ya está hecho en el sector privado. ¿Qué pasa con el público?
—JAS: Está muy hecho en el Estado central y muy por hacer en ayuntamientos y autonomías. En algún caso, de modo escandaloso.
–IS: La reforma de las Administraciones Públicas debería hacerse de modo importante y rápido. No por medio de despido, sino de racionalización. Estudiar a quién se da cada competencia. No tiene sentido que el mismo trámite tenga que hacerse en tres administraciones públicas.
—JAS: Hay muchos organismos que podrían desaparecer y no pasaría nada. Muchas veces es difícil porque hay colocadas personas afines al partido. Pero hay que hacerlo. Si no, nos costará caro.
—IS: La mejor opción es no reponer. Amortizar las plazas aprovechando jubilaciones, incapacidades…

Como se puede ver, los retos son muchos. Por eso los Sagardoy hablan de un auténtico cambio cultural, al que miran con optimismo. Las crisis, dicen, siempre traen transformaciones dolorosas, pero la situación será mejor cuando todo acabe. Ya estamos contando los días.