Economía General

Volver a creer

Hace algunas semanas me reunía con unos jóvenes empresarios, entusiastas, sensatos. Debatíamos sobre la situación actual en la que se encuentran la mayoría de las empresas y, las suyas, en particular. Nos pusimos de acuerdo. La reducción de la facturación, los márgenes comerciales y la ausencia de crédito hacían muy complicada la necesaria tarea de ser empresario. Si a ello le añadimos la creciente morosidad, la situación se presenta ingobernable.

Uno de ellos, no carente de argumentos, arremetía con virulencia sobre los trabajadores. Para él, este era el problema: “no se habían enterado de la situación y pretendían mantener un nivel de privilegios incompatibles con la situación actual”. El otro, abundaba en el argumento: “estamos intentando salvar sus puestos de trabajo y no se enteran de la complejidad del momento”.

La reunión me hizo pensar. Cogí perspectiva. ¿Dónde está el problema? Los trabajadores no se enteran de la “situación existente” o las empresas quieren trasladar a sus trabajadores los problemas de gestión a los que se enfrentan.

Quizás no hayamos entendido todavía el escenario actual. El mismo nos obliga a interpretar la realidad de nuestras empresas conforme al contexto social y económico en el cual vivimos. Habrá que dar por ambas partes, insisto, por ambas partes, seguridad, compromiso, polivalencia y adaptación permanente al cambio. Si nuestras relaciones laborales se apartan de estas notas, nuestras empresas y, con ellas, su activo humano, se verán seriamente perjudicadas.

Hace pocos días, al hilo de esa necesaria adaptación continua de nuestro sistema de relaciones laborales, se publicó la Ley 14/2013, de 27 de septiembre, de apoyo a los emprendedores y su internacionalización. La norma, como su propio preámbulo indica, cree conveniente y por ello estimula “una mayor iniciativa emprendedora entre los más jóvenes”. Por ello, introduce modificaciones de contenido socio-laboral para dotar a las relaciones laborales que nazcan al amparo de esta norma de la seguridad, flexibilidad y compromiso que cualquier actividad mercantil necesitaría.

La norma, como viene siendo habitual en las reformas legislativas impulsadas por el actual Gobierno, presenta un contenido amplio y heterogéneo. Dentro del mismo se pueden destacar, como ejemplos de esa necesaria flexibilidad y seguridad antes recordada, los siguientes:

– Se concreta concepto de “emprendedor” para identificarlo con aquella persona (física o jurídica) que desarrolle una actividad económica empresarial o profesional. La norma se olvida del tamaño de la empresa, volumen de actividad, antigüedad… a la cual hacían referencia normativas anteriores.

– Posibilita que el empresario con menos de veinticinco (25) trabajadores asuma directamente la organización preventiva. Hasta el momento solo permitido a empresas de menos de 10 trabajadores y germen de sanciones administrativas y ulteriores responsabilidades civiles.

– Suprime el trasnochado Libro de Visitas de la Inspección de Trabajo por un Libro Electrónico mucho más útil y adaptado a nuestros tiempos.

– Se aprueban reducciones de cotizaciones para nuevos autónomos y cooperativas de trabajo asociado con lo que se adquiere un mayor compromiso con la necesaria labor de emprender y, en definitiva, de crear empresas.

Parece innegable que el conjunto de reformas legislativas de corte socio-laboral que se están realizando pretenden adaptar el conjunto de relaciones de trabajo a la realidad actual así como a la previsible evolución de nuestros mercados. La razón es sencilla. El concepto estático de relación laboral que fue muy útil desde principios de los ochenta ahora no es sostenible. Basta acudir a la cifra de desempleo actual para verificar que dicha afirmación no es equivocada.

Por ello es absolutamente recomendable que tanto los emprendedores, las empresas más o menos consolidadas y el conjunto de trabajadores, asuman como objetivo adaptar el contenido de sus prestaciones recíprocas a la situación actual. Si no lo hacemos, la brecha entre empresa y trabajador será más amplia. Podremos buscar culpables, pero las empresas seguirán cesando su actividad y los trabajadores padeciendo un desempleo insostenible para nuestra sociedad.