Economía General

¿Y si aún no hubiera cantado la gorda?

Reconozco que soy optimista cara al futuro. Tras unos años duros e inciertos, la objetividad de algunos indicadores, unida al cansancio que provoca dilucidar si ya hemos o no tocado fondo, hace que a uno le aflore el optimismo. Salgo a la calle y veo que no soy el único. Hay un sentimiento reinante de que al fin vamos a ir –un poquito– a más.

Vaya por delante que no es un optimismo kamikaze, creo de verdad que estamos iniciando este 2014 como el primer año que, a buen seguro, será mejor que el anterior para la mayoría de los españoles. Pero esta situación equivale al momento en el que en el centro de una enorme tormenta se intuyen los claros acercándose en el horizonte. Pero si miras para arriba, todavía llueve. Lo que sucede es que no te importa. Llevas años mojándote, y empiezas a atisbar a lo lejos lo que esperas que va a llegar, aun sabiendo que hoy estás a remojo y sin abrigo.

Lo único que ha turbado ese moderado optimismo es la sensación de que en los países emergentes, y especialmente en algunos de Latinoamérica -acabamos de ver que una vez más se ha ‘liado parda’ en Argentina-, que son esenciales para nuestras multinacionales, podría haber problemas. Más allá de la incidencia de devaluaciones y momentos financieros difíciles en estos mercados, está ese sentimiento que hemos desarrollado y en el que parece que tenemos asumido que todo puede empeorar en cualquier momento.

Nuestra economía parece estar apuntalada frágilmente. Nuevas normas, nuevas medidas, nuevo sistema financiero y aún muchos interrogantes. Un barco lowcost que todavía debe surcar el océano y enfrentarse a su primera tormenta. En ese caso, yo pregunto ¿y si aún no hubiera cantado la gorda?, ¿y si está caprichosa crisis financiera nos deparara el último giro inesperado, y estuviéramos viviendo el principio de una crisis de países emergentes? Mucho me temo que el optimismo del que hago gala se desharía como un azucarillo en una taza de café hirviendo.

Argentina ha puesto este asunto en el orden del día, pero esto no es más que un aviso. Por supuesto es solo Argentina, un país que por su singular situación e historia padece este tipo de coyunturas de forma hasta cierto punto habitual –me atrevería a decir que cíclicamente– y tal vez ya tocaba. El riesgo de terceros respecto a Argentina es cada vez más pequeño y razones históricas no faltan.

Pero… ¿qué ocurriría si de verdad los gigantes emergentes como China e India tuvieran problemas? ¿Abocarían a la economía global a una situación difícil? No hay indicadores verdaderamente alarmantes sobre estos países en estos momentos. ¿Y si el foco fuera Brasil? Su tamaño e influencia económica global es menor a la de los anteriores, pero a nuestras compañías le afectaría de una manera muy directa.

Para mí, una de las claves necesarias para apuntalar ese casi 1% que indica el Ministro Guindos que creceremos este año es justamente Brasil. Un país que ha crecido de una forma agresiva en los últimos años, y que empieza a generar un runrún de comentarios a su paso sobre si es el momento de plegar velas y minimizar riesgos.

La situación de Brasil, recuerda a muchos españoles, una película que ya hemos visto: la España del 1993 tras los fuegos artificiales de la Expo de Sevilla y las Olimpiadas de Barcelona. Veremos si Brasil 2015 sigue el mismo camino y no nos pone en dificultades en un momento de extrema debilidad.

Si eso ocurriera y la fiesta terminara desde Río a Sao Paulo, desde Brasilia a Salvador de Bahía, tal vez viviéramos –una vez más– como al final de una buena ópera, siempre canta la gorda.