Economía General

¿Y por qué no llevar los niños a la oficina?

Sabrina Parsons es la consejera delegada de Palo Alto Software, una compañía tecnológica establecida en Silicon Valley desde 1983. Además es madre de tres niños, de 9, 7 y 4 años. En un blog de la revista de Universidad de Harvard explica su experiencia sobre vida familiar y laboral, un ejemplo que puede servir para la realidad española.

“Durante los diez últimos años he tenido que hacer malabarismos para compatibilizar mi carrera y mis hijos”, asegura Parsons. Separar vida familiar y laboral le creaba demasiada presión y estrés. “Así que he integrado las dos: traigo los niños al trabajo o me llevo trabajo a casa cuando lo necesito. Ha funcionado tan bien para mí y para Palo Alto Software que se ha convertido en un elemento cultural de la compañía”, dice.

Los empleados no llevan los hijos a la empresa todos los días, ni han sustituido a los cuidadores de los niños. “Pero, cuando la niñera necesita una tarde libre, el colegio se suspende de repente o alguno de los niños no se siente bien, les animamos a que pasen el día en la oficina. Incluso tenemos una habitación diseñada para ellos, en la que pueden ver la televisión, jugar, leer o hacer los deberes“.

Los trabajadores tampoco están sometidos a jornadas muy estrictas. “Si los padres necesitan estar con sus hijos en horario de trabajo, independientemente de la razón que nos digan, lo entendemos y les apoyamos. Nos centramos en los resultados, por encima de las horas pasadas en la oficina, y les damos la libertad de hacer el trabajo dónde y cómo quieran”.

Las ventajas que da la empresa son importantes a la hora de competir por el talento. “Todos hemos oído algunos de los beneficios ridículos que dan las compañías de Silicon Valley: peluqueros, carritos de café, habitaciones de juegos y lavado de ropa gratuito. Los nuevos empleados obtienen los últimos gadgets tecnológicos como bonus de su contratación. El jefe de operaciones de una firma de rápido crecimiento me dijo que nunca había pensado que buena parte de su trabajo iba a centrarse en conseguir los mejores burritos para su cafetería, para así evitar que los empleados se fueran”.

Como dice Parsons, “estos beneficios son muy superficiales”. Todo el mundo sabe que su objetivo no es hacer felices a los empleados, sino  mantenerles en la oficina el mayor tiempo posible. “Proporcionar un ambiente donde se pueda ser leal, trabajar duro y ser recompensado por su innovación traerá mejores resultados y personas con más talento a tu compañía”, afirma.

Esta ejecutiva afirma que ya se ha investigado y comprobado que una persona solo puede ser productiva un cierto número de horas cada día. “Más allá, pierden el tiempo y sus resultados son exiguos”, dice. Su cultura apuesta porque sus subordinados trabajen con intensidad hasta las 5.30 o 6 de la tarde, y luego se vayan a descansar.

Como consecuencia, dice, ni sus empleados producen menos, ni la compañía ha sufrido. “Todo lo contrario. Nunca hemos crecido más rápido. Tenemos empleados encantados de trabajar con nosotros, y hemos vivido un baby-boom en la oficina: diez niños nacidos el año pasado. Si éste no es un indicador de trabajadores felices, seguros y bien pagados, no sé cuál puede serlo”.

Para reclutar y retener talento, Parsons cree que hay que proporcionar una cultura que facilite ser creativo, tener iniciativa y sobresalir en la carrera. Por eso favorecen la flexibilidad entre vida laboral y profesional. “Olvidémonos de gratificaciones baratas como el futbolín o los burritos gratis, y proporcionemos una cultura que respete a las personas como seres humanos que quieren algo más que solo trabajo”.