Economía General

¿De verdad se puede afirmar que la economía europea progresa?

La mejoría de la situación económica en la zona euro en los últimos meses es patente, pero aun así la sensación de incomodidad y de que no todo lo malo ha pasado aún persiste, quizá porque a pesar de las buenas noticias los riesgos siguen estando muy presentes.

Empezando por las buenas noticias, es evidente que la mejora de los mercados financieros en la última parte de 2013 y principios de este año ha sido considerable. Los flujos de financiación del exterior han vuelto a la periferia de la eurozona y los diferenciales soberanos han caído más de lo previsto. Una parte de esa mejora ya se puso de manifiesto en la segunda mitad de 2012 tras el “efecto Draghi”, que hizo prácticamente desaparecer el riesgo de ruptura del euro; pero se ha acentuado tras el verano pasado. Irlanda ha terminado su programa sin necesidad de uno adicional. Portugal, que hace apenas un año veía muy difícil evitar un segundo rescate, ha vuelto a los mercados y ahora duda solamente de si salir del primer programa sin ayuda adicional o si hacerlo con el apoyo de un programa precautorio.

En general, existe la percepción de que la mejora en la periferia es reflejo no solamente del apoyo del BCE en el verano de 2012, sino también de las reformas estructurales y el ajuste progresivo de los déficit fiscales que, aunque en distinta medida, han aplicado todos los países de la periferia. Donde probablemente mejor se reflejan estas reformas es en la desaparición del déficit exterior prácticamente en todos los países de la zona. Incluso Italia, hasta hace poco paralizada por sus instituciones políticas parece embarcada en un proceso de reformas para mejorar las perspectivas de crecimiento.

Estas mejoras se han visto traducidas en una mayor confianza en toda la eurozona y han estado apoyadas por una política fiscal menos contractiva desde mayo de 2013, cuando la Comisión Europea alargó los plazos a varios países para cumplir con los objetivos de déficit público (entre ellos España). Todo esto, junto a la recuperación de la actividad en Estados Unidos y la constatación de que China y el resto de los emergentes no se desaceleraban tanto como se temió a principios del año pasado, ha traído la recuperación a la zona euro. Siempre liderada por Alemania, el país con los fundamentales más sólidos y el más preparado para crecer en base a las exportaciones (que es el modelo de crecimiento que está siguiendo la región), el PIB empezó a crecer en el segundo trimestre de 2013 y lo ha continuado haciendo, a ritmo relativamente lento, en la segunda mitad del año.

El comienzo de 2014 sigue con la misma tónica, y para este año en BBVA Research prevemos un aumento del PIB del 1.1% para la eurozona, que luego se aceleraría a cerca del 2% en 2015. Alemania muestra una tendencia más fuerte que Francia, España o Italia, pero es importante el hecho de que se haya producido cierta convergencia en las tasas de crecimiento de los distintos países, y sobre todo que los países de la periferia hayan empezado a recuperarse.

En el lado de los riesgos, quizás el factor más novedoso (desde octubre) es la amenaza de la deflación en Europa, que está marcando los debates recientes sobre las perspectivas de la zona tras un par de sorpresas negativas de la tasa interanual de inflación, que está por debajo del 1%. Nuestros cálculos nos dicen que la probabilidad de deflación en Europa es todavía muy baja, menor del 10%, aunque las expectativas de inflación parecen estar desanclándose por debajo del 2% que siempre habían mantenido. Pero la inflación baja tiene por sí misma inconvenientes y supone riesgos importantes: hace difícil el ajuste de precios en la periferia para ganar competitividad, aumenta los tipos de interés reales, no ayuda a reducir los altos ratios de deuda de los distintos agentes y, sobre todo, nos pone a un solo shock de distancia de la deflación real. Por eso es poco comprensible que el BCE no sólo parezca haber frenado en su última reunión la posibilidad de tomar medidas de relajación monetaria adicionales, sino que al mismo tiempo reconozca que se va a quedar corto en su objetivo de inflación de cerca del 2% al publicar unas previsiones de inflación del 1.5% para 2016.

La lista de riesgos adicionales para la zona incluye el efecto que pueda tener la crisis de Ucrania sobre la economía europea (aún difícil de prever y muy dependiente de los escenarios políticos) y la posibilidad de que China entre en un aterrizaje menos suave del previsto, quizás combinado con un impacto mayor sobre otros países emergentes. Y, dentro de Europa, el proceso de unión bancaria, que tiene hitos importantes este año (exámenes de balances y comienzo de la supervisión común) y por sí mismo va a ser clave para reducir la fragmentación de los mercados de financiación, puede dar alguna sorpresa negativa, aunque en su caso sería probablemente en los sistemas bancarios que aún no han sido analizados por la troika.

Luces y sombras, en definitiva, aunque dentro de un panorama más positivo que en años precedentes.