Economía General

Historia del sector aeronáutico español (Pablo Martínez)

En los últimos años he explicado la situación del sector aeroespacial español a personas que no están familiarizadas con él, para lo que recurro a un juego de adivinanzas:

¿Cuántos países son capaces de construir y entregar aviones de transporte?
¿Dónde se fabricó la primera estructura importante con base de fibra de carbono allá por los años 80?
Hablando de fibra de carbono… ¿Dónde está la mayor concentración de fabricación y consumo mundial de este material para uso aeronáutico? País, por cierto, del que han salido algunas de las estructuras más innovadora de la aviación comercial.
¿De dónde procede la empresa líder mundial en sistemas automatizados para fabricar componentes en fibra de carbono y sistemas auxiliares de producción?
¿De dónde es la empresa líder mundial en sistemas de Gestión de tráfico Aéreo y cuyos sistemas controlan el espacio aéreo de los principales países europeos?
¿Cuál es el país de origen de una empresa privada que ha lanzado dos satélites de observación de la Tierra, y lleva cinco años suministrando al departamento de Agricultura de Estados Unidos?
¿De dónde es la empresa líder en comunicaciones por satélites en el Atlántico Sur, con casi diez satélites lanzados y con planes de continuar su crecimiento?

En efecto. Seguro que han intuido que la respuesta común a las últimas preguntas es la misma: España. Y la solución a la primera es nueve. Nueve países en el mundo disponen de tecnología para diseñar, fabricar, certificar, entregar, formar y mantener aviones de transporte, y uno es nuestro país.

Esto ha sido posible gracias a una herencia que se transmite en nuestro país generación a generación. Personas que han entendido el potencial de la industria aeroespacial, y su capacidad multiplicadora de tecnológico, de conocimiento y de desarrollo. Pese a ser un sector que no llega al 0,8% del PIB nacional, y que emplea ‘sólo’ a 50.000 personas.

Nombres como Gregorio Millán, discípulo directo de von Karman que acoge a Amable Liñán y a Ignacio da Riva, precursor del Instituto de Microgravedad que lleva su nombre.

La transferencia de conocimiento teórico a la Industria puede tener como uno de sus paradigmas en el Profesor Juan José Martínez García, fundador de GMV. Una de las empresas tecnológicas más importantes de Europa, que se creó gracias al acertado uso de los retornos económicos de la inversión española en la Agencia Europea del Espacio. Un retorno tecnológico en riesgo en estos momentos y que puede significar la ruptura de este fructífero ciclo de herencia tecnológica y que en la empresa DEIMOS (6) sigue creciendo.

La visión de De la Cierva y su autogiro, culmina con la incorporación de la industria española en el consorcio europeo Airbus en 1973. Una medida que se adopta tras largos períodos de aprovechar las adquisiciones de material de vuelo militar y civil para el desarrollo de la industria. Una integración que ha permitido la creación del gran polo industrial alrededor de la fibra de carbono en Illescas, Toledo.(3)
Esta participación en el consorcio Airbus ha permitido:

Transformar una compañía como CASA (2) de fabricante de aviones a suministrador de soluciones de misión, convirtiéndola en líder en derivados de aviones (repostaje en vuelo) y sistemas de misión.

El desarrollo de una potente industria auxiliar: Mtorres (4), Aernnova, Aciturri, Alestis o CESA entre otras muchas, que han conseguido que prácticamente todos los aviones que sobrevuelan el cielo mundial, lleven tecnología española.

Desarrollo, que ahora mismo, se encuentra en peligro, por la dificultad de obtener recursos en I+D para mantener los altos niveles de innovación. Recursos que el Reino Unido ha valorado en unos 1.500 millones de euros en siete años.

En definitiva, un sector que ha crecido en los últimos seis años de crisis. Incluso en regiones tan castigadas como Andalucía (+10%) y con una creación neta de empleo de casi 400 personas o en el País Vasco con crecimientos del 9% y una creación de puestos de trabajo del 3% en el pasado 2013.

Podríamos poner aquí punto final, sin olvidar a Indra (5) e Hispasat (7). Ejemplos vivos que no podemos permitir que no pasen su testigo a las nuevas generaciones como hemos recibido de las anteriores.