General Tecnología

Yo te conecto con Silicon Valley

La empresa SV Links, del mexicano Miguel Casillas, organiza desde hace unos años programas de inmersión en ‘la meca’ de las startups tecnológicas para empresarios tradicionales. Ninguno de ellos queda indiferente. Unos deciden instalarse allí; otros cambiar la filosofía de su empresa; los hay que envían a sus hijos a estudiar a la Universidad de Stanford… “Venir aquí marca para todos un antes y un después”, afirma Casillas. Desde 2011, esta organización sin ánimo de lucro ha llevado a Silicon Valley –California– a 1.000 personas, que asisten a unas exclusivas jornadas de una semana por un coste de entre 3.000 y 5.000 dólares por cabeza, sin incluir el viaje. “Nuestra especialidad es diseñar programas para empresarios tradicionales de los países donde trabajamos, con la finalidad de hacerles entender el rol que la innovación tiene en los negocios. Comprender cómo puede la tecnología ayudarles a escalar en sus negocios actuales y, sobre todo, inspirarles a salir de su zona de confort y pensar más allá de sus fronteras, volviendo a encender su espíritu emprendedor”, señala Casillas.
Los grupos suelen ser de treinta o cuarenta personas. Entre los participantes se incluyen empresarios recomendados por otros que han acudido en ocasiones previas o por la red de contactos de los organizadores, escuelas de negocios, clubes de inversores o cámaras de comercio. En el programa se incluyen encuentros, conferencias y presentaciones en empresas que permiten entender los elementos clave del ecosistema tecnológico más exitoso del mundo. En la parte de emprendedores se tienen sesiones con algunos que están en distintas etapas, desde los que se encuentran en el garaje hasta los que están a punto de vender su empresa. Hay encuentros con inversores que explican y desmitifican sobre el negocio de las startups. Firmas de abogados proveen de información relevante sobre las implicaciones legales a la hora de invertir, los beneficios legales para inversores extranjeros o los errores legales que cometen los emprendedores, entre otras cosas. Finalmente, con el objetivo de hacer contactos y de conocer las tendencias tecnológicas, visitan algunas de las empresas icono de la zona, como Google, Apple, Twitter, Oracle o Cisco. “También hemos organizado varios programas de padres e hijos, para ayudar a acercar a dos generaciones que actualmente están muy distantes. Recuerdo una charla en la que un chico preguntó por qué su padre le allanaba el camino, inhibiendo su hambre de emprender”, apunta Casillas.
Este mexicano es ya todo un veterano en la zona. Su primer contacto con Silicon Valley tuvo lugar en 1999. Entonces trabajaba en IBM en México desarrollando y buscando nuevos proveedores para la manufactura de cabezas lectoras de discos duros. A partir de entonces se desplazó al valle tres o cuatro veces al año. “Gracias a estos viajes fue cuajando la red de contactos en la zona”, reconoce. Aunque admite que fue en 2006 cuando llegó a captar la esencia del lugar. Hasta entonces tenía la visión corporativa de la relación entre IBM México y San José –California-. Pero en 2005 le invitaron a trabajar en IPADE Business School, la principal escuela de negocios latinoamericana, para dirigir el programa ADIT –Alta Dirección en Innovación y Tecnología- en Guadalajara y Monterrey. “Ahí tuve la iniciativa de incluir una semana de sesiones en Silicon Valley como parte del programa. Precisamente la construcción de ese contenido fue lo que me llevó a adentrarme en la cultura, origen y elementos que han hecho de este lugar la capital mundial de la innovación”, dice.
La semana de sesiones se replicó entre 2006 y 2009. Acudieron un total de 230 personas. Tras esta experiencia, Casillas hizo un parón para dar cancha a su perfil profesional, más cerca de la creación de empresas. “Conocí a un emprendedor en serie muy experimentado que, advirtiendo la oportunidad que presentaba el surgimiento de smartphones, redes sociales y geolocalización, creó la empresa Ovalpath, y me invitó a participar”, explica.
Esta nueva aventura produjo también en Casillas un descubrimiento. El último encuentro que organizó para IPADE en 2009 fue con Tim Draper, famoso inversor de Silicon Valley. Al concluir se fue a cenar a Palo Alto -en el corazón de Silicon Valley, en California- con algunos compañeros. Les comunicó la noticia y le bombardearon a preguntas. Al abordar la cuestión de la financiación, respondió que lo lógico sería buscarla en Silicon Valley, donde su socio era muy conocido. Pero no hizo falta. Los compañeros tantearon la suma que hacía falta y la pusieron ellos: 1,2 millones de dólares, 300.000 por cabeza. “Me dejó perplejo. Desgraciadamente este tipo de inversiones no suceden normalmente en México. Sin duda, la semana que acababan de vivir en Silicon Valley, la confianza en el equipo gestor y el deseo de participar en el lugar que acababan de descubrir les llevó a tomar esa decisión”.
Una vez que ya vivía en California, Casillas recibió una llamada del IPADE para diseñar un nuevo viaje. “Si la mejor escuela de negocios de Latinoamérica requería de ayuda de este tipo por carecer de puentes y contactos con la mayor capital de la innovación, estaba clara la necesidad de crear una conexión. Viviendo aquí era ya muy evidente la casi nula participación de mexicanos en este ecosistema, a diferencia de los emprendedores e ingenieros de India, China o Corea. Por eso decidí poner en marcha SV Links -Silicon Valley Links- como una organización sin ánimo de lucro para conectar a empresarios, emprendedores e inversores de países emergentes con Silicon Valley”, dice.
Si se pregunta a este empresario qué puede atraer más de la zona, él responde que varias cosas. “Respecto a la cultura, puedo decir que aquí es un galardón de honor para un emprendedor fallar en un proyecto. Confirma su capacidad de riesgo y, sobre todo, que alguien más pagó por ese aprendizaje, lo cual le hace más atractivo para recibir dinero en su próximo emprendimiento”, señala. A ello hay que añadir la apertura a compartir ideas, a colaborar. “Atribuyo este fenómeno a que aquí los proyectos se conciben a escala global. Este hecho obliga al emprendedor a buscar ayuda y soporte para poder hacer realidad un proyecto que sería muy difícil llevar a cabo solo”, dice. Por último, un aspecto muy importante es el de la financiación. “En Silicon Valley viven alrededor de 260.000 millonarios, y la mayoría de ellos sigue trabajando. Las barreras físicas y psicológicas entre el capital y el emprendedor son prácticamente nulas. Los inversores están muy abiertos a escuchar a emprendedores siempre que les haya sido recomendado por un contacto”, dice.
Este mexicano tiene el loable deseo de intentar que aumente la presencia de empresarios e inversores latinos en Silicon Valley. Está convencido del beneficio que traería para sus países, tal como está sucediendo en India, Corea y China. Si se pasea con él por la Universidad de Stanford, comenta cómo le apena que los que hablan su lengua tengan solo trabajos de poca cualificación -aunque sean tan dignos como los otros-. Incluso suele proyectar a los participantes en sus programas el vídeo de un conocido inversor, que comenta a un grupo de latinoamericanos el aprecio que tiene a su región, porque su niñera es de allí. Una diferencia de posición social que él estima que no tendría por qué ser así, y que espera que vaya resolviéndose, en parte, con los programas que organiza. Así podrán todos hablar de tú a tú.