Economía General

¿De verdad Podemos?

Palacio de Vistalegre, Madrid, 16 de octubre. La mitad del pabellón arropa a Pablo Iglesias y su equipo en el arranque de su carrera decidida en busca del poder: la inauguración de la asamblea ciudadana. Entre el público se ven jóvenes, mayores, personas vestidas estilo Corte Inglés, otras con extensiones en el pelo, parejas con niños -no muchas-, inmigrantes -no muchos-, discapacitados magníficamente atendidos…
Un grupo heterogéneo, ilusionado, con abundantes muestras de camaradería y al que une un sentimiento común: el resentimiento y hartazgo de la clase política española -la “casta”, que dice el líder de este grupo-.
Podemos reúne a personas que no aguantan más y quieren barrer la casa. Lo escuchado en la asamblea de Vistalegre, sin embargo, contiene prejuicios, mentalidad marxista y estatalista. Quizá lo corrobora el Barómetro del CIS de octubre, en el que el grupo más numeroso de encuestados -38%- sitúa a esta formación política en la extrema izquierda cuando se pregunta en qué ideología se les ubica. Esta orientación parece lograr un número de votantes que se entusiasma la oratoria certera y la inteligencia de Pablo Iglesias. Pero a la vez atrae y repele a un grupo que solo está de acuerdo con sus críticas a la casta política, las más aplaudidas durante el evento.
Podemos ha logrado incentivar muy bien la participación de los ciudadanos, maneja con brillantez la comunicación en los medios que le interesan -televisión y redes sociales- y ha puesto en marcha iniciativas interesantes, como la autofinanciación, que implica más a sus seguidores y debería ahorrarle tener que devolver favores, si consiguen mantenerla.
Los círculos de Podemos son aparentemente abiertos. En la asamblea que acoge al grupo del distrito del barrio de Salamanca en Madrid, por ejemplo, las tres o cuatro personas que dirigen las reuniones animan a participar en cualquiera de las comisiones: finanzas, comunicación, organización, administración a las alrededor de cuarenta personas que asisten. Se votan las propuestas. ¿Cómo evolucionarán? Es una incógnita. Si a nivel de ejecutiva se evita la integración del eurodiputado Pablo Echenique, ampliamente aplaudido en su entrada en Vistalegre, cabe preguntarse si las propuestas emanadas de los círculos –del pueblo- tendrán alguna importancia en el futuro o quedarán anuladas por los criterios de la dirección. “Todos los movimientos participativos, especialmente cuando se convierten en opciones políticas, suelen estar guiados por una jerarquía firme y consolidada. Se apuesta por el pueblo siempre que sirva para reforzar la política del gobernante. Eso me recuerda a otras épocas”, señala Rafael Rubio, profesor titular de Derecho Constitucional en la Universidad Complutense.
La política de comunicación también está tomando una deriva preocupante para la libertad de expresión. Podemos se ha servido de los medios mientras le ha interesado para crecer en popularidad, y ahora escoge dónde aparece para dar su mensaje. ¿Qué diferencia hay entre esa estrategia y la tan criticada de las apariciones de Mariano Rajoy en una pantalla? Ninguna. Los dirigentes del partido eligen quiénes les hacen las preguntas y sus responsables de prensa ni siquiera responden al teléfono, algo inaudito en un país democrático. Si a ello se unen frases como la que Pablo Iglesias vertió en la entrevista con Ana Pastor en La Sexta –“Que existan medios privados ataca la libertad de expresión”-, nos vamos a algo que realmente está muy visto: mente unívoca, partido único y aquí mando yo.
Los dirigentes del partido están mostrando actitudes que se han achacado tradicionalmente a los políticos, como defenderse de algo con una versión mientras en la opinión pública se asegura otra. Por ejemplo, la declaración de Iñigo Errejón en Fuenlabrada, en la que decía que se les ha estado investigando y se ha descubierto que viven de su trabajo mientras la principal web de información española mostraba la noticia de que se le había abierto expediente por cobrar de la Universidad de Málaga sin estar claro que desempeñara sus funciones.
La formación defiende algunas ideas sectarias con la libertad de enseñanza, la falta de respeto a la libertad de los padres y una mentalidad vieja. ¿Favorece esa postura de Podemos a la mejora de la educación que tanto se necesita en nuestro país o al contrario? Sus prejuicios marxistas les llevan a pisotear la realidad y a cargarse los mejores centros educativos. Dos ejemplos: pese a que la enseñanza diferenciada -perseguida por Podemos- representa solo el 1% del sector educativo en España, sitúa 17 centros entre los 100 mejores de España. En Reino Unido, siete de las diez mejores escuelas públicas son de educación diferenciada.
Ahí no se acaban los problemas. “Tras la afirmación de devolver el poder al pueblo suele esconderse un debilitamiento de las instituciones –como exigencia de la verdadera democracia-, y ahí, cuando las instituciones dejan de funcionar, se abre la puerta a todo tipo de abusos. Poner el cuarto poder –el poder del pueblo- por encima de los otros tres poderes tradicionales, sin ninguna garantía jurídica, es pura dinamita”, afirma Rafael Rubio. En opinión de este experto, “Pablo Iglesias ve la política como un medio de llegar al poder.Quizá Echenique se cree más que él el mensaje de Podemos”. Si llegan a mandar, puede que se perpetúen. “Los dirigentes a los que miran con más admiración son los que, tras conquistar el poder, no lo han soltado”, afirma. Y para lograrlo quizá vayan moderando su mensaje en función de su conveniencia. “Viendo el pasado y perfil de los integrantes del partido, resulta difícil pensar en la centralidad –Pablo Iglesias dijo en Vistalegre que era su objetivo-. Una vez consolidado el núcleo duro de la formación, es muy probable que poco a poco vayamos viendo cómo van incorporando personas con un pasado menos identificado con la izquierda. En cierto modo lo han dicho cuando hablan del gobierno de los mejores. Otro ejemplo es la aproximación al partido del ex monje que tan a menudo ha salido en la prensa”, añade.
Todo ello mientras el resto de partidos reacciona o no de diversos modos. El PP sigue noqueado, el PSOE ha frenado su caída tras una renovación total e IU trata de rehacerse de la marcha de votantes a Podemos con el crecimiento de un líder, Alberto Garzón, con un discurso muy parecido al de Pablo Iglesias. “Rajoy y la actual dirección del partido han vaciado ideológicamente al PP”, señala Cayetano González, analista político y ex director de Comunicación de Jaime Mayor Oreja en su etapa de ministro del Interior. Esta pérdida de identidad le conduce a un batacazo que, en opinión de este experto, hará pasar a la historia al actual presidente por dos motivos: “Por ser el primero en la historia de la democracia que solo dura una legislatura y por haber dilapidado en cuatro años una mayoría social de once millones de personas que puso en él su confianza. Y eso que nunca ha habido un presidente con tanto poder”, añade.
En opinión de González, este PP no puede regenerarse a sí mismo: “Necesitan perder el poder, y que vengan otras personas y quizá otras siglas”. Otra cuestión es si finalmente se da el rumoreado gobierno de coalición entre PP y PSOE, con la retirada de Rajoy y la pactada presidencia de Soraya Sáenz de Santamaría. Entre todos tendremos que decidir qué queremos en las próximas elecciones. Pero hay un problema cultural mal planteado que inhabilita al conjunto para salir del círculo vicioso en el que estamos inmersos. ¿Quién tendrá la lucidez de iluminar los problemas de nuestra sociedad? La sola crítica no es suficiente. Hace falta, pero solo, no basta. Quizá Podemos pero no sabemos, y lo que hace falta hoy en España es alguien que sepa crear un marco de libertad en el que personas y empresas puedan intentar desarrollarse sin la infinidad de obstáculos que les ponen.
Podemos no puede salir con un marco estatalista y sectario bajo una simpática presentación a lo Robin Hood. El discurso de Pablo Iglesias está pasado y visto. Debe renovarse, porque no asistimos a un verdadero debate, sino a una confrontación de prejuicios estatalistas de signos diversos. Está claro que había como un fondo social que discurría oculto, soterrado, bajo la falsa fachada de PP-PSOE-IU.
La gravedad de la situación ha hecho irrumpir esa fuerza. En una situación análoga, la casta franquista se hizo el haraquiri. ¿Qué autocrítica hace la nomenclatura de hoy?

Pedro-Sánchez¿Ha muerto el bipartidismo?

Según Narciso Michavila, sociólogo y presidente de GAD3, es pronto para afirmarlo. Las crisis económicas siempre han pasado factura a los partidos de gobierno: sucedió en Alemania, que ha vuelto al bipartidismo tras salir antes de la crisis. Según este experto, son ciclos electorales, y ahora estamos en un periodo claro de descenso de los dos grandes. “Pero, si tanto PP como PSOE pierden votantes, no es porque sus electores hayan cambiado de principios, sino porque consideran que sus principios no están siendo ahora defendidos con convicción y decisión. El PSOE lo tiene más complicado porque posee muchos más competidores dentro de su espectro ideológico. En el caso del PP, su principal adversario es la abstención, como hemos visto en las europeas”, indica.
Entonces, ¿el voto útil de la izquierda ya no está en el PSOE? El voto útil, es decir, la decisión de votar estratégicamente a un partido con más opciones de gobierno dentro de su espectro ideológico, no entra en juego hasta el último momento. “Todavía es muy pronto para saber qué partido estará mejor posicionado en las elecciones. Todo está cambiando, no ya en meses: en días”, explica Michavila. Según este especialista, el líder del PSOE lo tiene muy complicado ahora, porque la marca PSOE pesa mucho, “y la novela de un candidato que destaca por su imagen ya la conocen los electores por Zapatero. Pero, insisto: todavía es muy pronto, y al final el voto es siempre más racional que la respuesta a una encuesta”.
Podemos es ya primera fuerza en muchas encuestas: ¿el tiempo les pasará factura? Según Michavila, el ascenso de este partido no es tanto mérito suyo como consecuencia de la situación actual y de su habilidad al marcar el debate que les beneficia. “Ya no se habla de empleo, de economía, de financiación, de sanidad, de educación, de turismo… Se habla sólo y exclusivamente de corrupción y de privilegios, que es el debate que les viene bien”, dice. Por otro lado, la imagen de disciplina y uniformidad que han proyectado en su congreso constituyente, “lejos de castigarles, les refuerza, pues proyectan una imagen de partido organizado con voluntad de llegar al poder”, afirma este experto. Dicho esto, ahora que ya están jugando en la primera división de la política, se les va a medir con la misma exigencia que al resto de partidos, “y sus primeras reacciones de no aceptar entrevistas en directo, de imponer condiciones a los medios, de justificar privilegios de sus líderes… no se diferencian en nada de la política tradicional que Podemos critica”. En opinión de este analista, si siguen por la línea de justificar en sus filas los comportamientos que critican y de acusar ahora a los medios de campañas conspirativas, tendrán muy difícil mantener los niveles de apoyo que le dan las encuestas.

pablemosPlantear algo más
que lo que el pueblo quiere escuchar

El presidente de la Asociación de Comunicación Política -ACOP-, David Redoli, cree que Podemos es un partido “excepcional” en el uso de la comunicación política. “Su secretario general, Pablo Iglesias, combina una excelente formación sociológica y politológica con un buen discurso político, una estética diferente -aspecto informal-, una oratoria bien entrenada y un relato muy nítido: los de abajo frente a los de arriba -un concepto de lucha de clases muy clásico, pero que simplifica demasiado la realidad y juega con peligrosos blancos y negros. Unos blancos y unos negros que el mundo real no suele tener, ya que la política se mueve en escala de grises, no en monocolores-”, afirma. En su opinión, el relato político de esta formación política se basa en enmarcados como el pesimismo, la descalificación de los adversarios y los juegos de palabras. “Es un discurso muy emocional, porque alimenta la desconfianza que ya hay en España hacia las instituciones tradicionales -y no digo que no falten motivos para que esto sea así-, generaliza la sospecha y la desafección sobre los dirigentes políticos de los partidos mayoritarios y mezcla conceptos politológicos y metáforas de gran potencia comunicativa -casta, régimen, democradura, dictablanda, candado…-”, dice. Pero “está claro que España no es un desastre absoluto.        De hecho, de los casi 200 países que la ONU tiene reconocidos en todo el mundo, seguimos estando en el grupo de los 25 primeros en casi todos los indicadores de desarrollo y bienestar. No ha ocurrido ningún cataclismo en España, por lo tanto, a pesar de que, obviamente, la tendencia económica y social es muy mala y el deterioro es evidente”. Por eso, cree que es un problema que Podemos proponga un nuevo escenario y “romper el candado” que ha impuesto la Constitución de 1978 sin dejar claro “cuál es ese nuevo escenario de realidades -no de deseos-”. “Si quiere recuperar la confianza en la política, tendrá que plantear algo más que decir lo que la gente quiere escuchar”. En su opinión, “tendrán que incorporar una miscelánea de propuestas políticas que, casi con seguridad, no serán necesariamente las que ha defendido tradicionalmente la izquierda”.