Estilo de vida General

Cómo organizar la economía familiar

Cada familia es un mundo y tiene distintos objetivos, pero todas deberían ser conscientes de que una organización adecuada de su economía y un conocimiento certero de su presupuesto pueden ser dos puntos clave para no tener que verse en apuros con frecuencia. Este proceso de ordenamiento requiere tiempo y paciencia pero, a largo plazo, nos ahorrará muchos sobresaltos. Un detalle que se suele obviar, pero que es fundamental, es que en la economía familiar deben participar todos los miembros, padres e hijos y, en el caso de que así fuera, también abuelos, tíos, etc.

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Definir el punto de partida

Antes de empezar a organizar nada, tenemos que repasar el estado de nuestras cuentas para partir de esa base. Este balance de la situación económica del momento debe incluir nuestros activos, contando con los ahorros, las propiedades y el dinero que poseemos; y nuestros pasivos, que incluyen todas las deudas y pagos que tenemos pendientes. Cuando tengamos esto confeccionado, el siguiente paso es establecer una serie de objetivos y proyecciones futuras, relacionadas con la evolución la nuestra economía, que queramos cumplir en un determinado plazo de tiempo. Pero, para ello, siempre hay que tener en cuenta posibles riesgos, como tener que cambiar alguna pieza del coche.

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Organizar las facturas

Una vez tenemos clara nuestra situación económica, podemos empezar a definir las estrategias a seguir para mejorarla y mantenerla. Las facturas han sido, son y serán la gran tortura de todo ciudadano porque implican un gasto y porque son demasiadas. Saber organizarlas evita muchos problemas: cuando las necesitemos para un trámite o para una consulta, no tendremos más que acceder al archivador. No vale con guardarlas en una carpeta, hay que separarlas por sectores (agua, luz, teléfono, etc.) y por orden cronológico. En la actualidad, muchas facturas llegan vía Internet, por lo que lo más recomendable es imprimirlas o elaborar un documento excel en el ordenador con todos los datos.

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Contabilizar los ingresos

Por lo general, la principal fuente de dinero en una familia es la nómina. En el caso de los jubilados, sería la pensión de la Seguridad Social. De todas formas, existen otras vías posibles de generar ingresos, como son las pensiones de cualquier tipo, pagas extra, propinas, intereses de cuentas bancarias, dividendos, subvenciones, prestaciones por desempleo… Una gran lista de posibles. Sin embargo, se debe tener en cuenta que algunos ingresos, como las propinas, son puntuales, por lo que no se puede contar siempre con ellos sino como un plus para ese mes, si vamos muy ajustados, o para ahorrar.

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Ahorrar

Entre los objetivos planteados al principio, no puede faltar el ahorrar. Lo más adecuado es que se destine entre el 10% y el 20% de los ingresos a este proyecto. Aunque, en principio, no se pretenda gastar ese dinero en momentos de apuro o cuando nuestro presupuesto mensual se haya agotado (porque debería ajustarse a nuestras necesidades de casa mes), puede ser un colchón si no queda más remedio. Estos ahorros se utilizarán en un futuro para los estudios de los hijos, para invertir en negocios o acciones, para asegurarse una jubilación estable… Las opciones son muchas pero lo que es seguro es que los planes de futuro estarán más cerca de cumplirse si no tocamos lo que vamos guardando.

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Evaluar los gastos

Esta es una tarea bastante ardua porque engloba todas las salidas de dinero, desde el pago de la vivienda hasta la barra de pan de cada día, pasando por los gastos puntuales de las vacaciones, los cumpleaños o una cena de celebración por la razón que sea. Es muy probable que a lo largo del año vayan surgiendo nuevos desembolsos que no teníamos calculados, pero cuánta más información ajustada a la realidad incluyamos, mejor. Para ello, podemos utilizar recibos, extractos bancarios, facturas y demás documentos similares. Tampoco hay que asustarse si un mes gastamos más que otro, es normal. Lo que hay que controlar es que los gastos no superen a los ingresos durante varios meses consecutivos.

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Reducir los gastos

Comunmente conocido como apretarse el cinturón. Respecto a los gastos fijos y prácticamente inevitables, se encuentran la vivienda, los gastos de la comunidad de vecinos o los préstamos. Son una prioridad porque si no se pagan, el precio va aumentando poco a poco y nuestra deuda crece, un aspecto nada favorable si lo que queremos es sanear la economía familiar. Además, existen los gastos variables como la electricidad. Aunque siguen siendo necesarios, se pueden reducir si nos preocupamos por hacer un consumo más moderado y no exageramos. Por último, están los gastos que se pueden eliminar en caso de necesidad. Las compras, el ocio, comer fuera de casa son claros ejemplos de actividades que no son vitales pero que suelen captar nuestra atención. No hay que dejarse llevar por la emoción del momento y pensar las cosas en frío.

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Liquidar las deudas

El dinero a deber es uno de los peores males de una economía familiar. Por mucho que se puedan abarcar, mejor o peor, los gastos de cada mes, si se arrastran deudas, nunca podremos sanear nuestras cuentas. Una buena metodología para empezar a afrontar estos pagos es hacer una lista que vaya de las de menos importe a las más elevadas, para así poder ir zanjando algunas de ellas de manera más veloz. Si se empieza por las de más monte, será más difícil dar el paso de una otra. En cualquier caso, es importante tener en cuenta los posibles límites o intereses de cada deuda, para quizás priorizar una un poco más elevada por encima de otra. Mientras tanto, se recomienda utilizar las tarjetas de crédito lo menos posible para los gastos diarios y pagar las facturas en cuanto se reciben, para dejar de acumular.

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Utilizar sobres

Parece que esta técnica se ha retomado de hace años, similar a la de guardar el dinero debajo del colchón, pero la realidad es que ayuda mucho a administrar y a hacer el seguimiento del dinero que hemos reservado para gastar. Lo que se pretende es dividir el total del presupuesto mensual en sobres, depende de para qué gasto esté destinado cada uno, e ir cogiendo poco a poco según se vaya necesitando. Así, de manera sencilla, se puede controlar cuánto llevamos invertido en cada gasto y cómo de ajustados vamos a estar a final de mes. Si se diera el caso de que sobrara dinero en un sobre, se debe dejar ahí metido y coger menos cantidad del presupuesto del mes posterior.

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Controlar de manera adecuada

Cuando ya se ha conseguido organizar la economía familiar y se ha cogido un cierto ritmo a la hora de administrar cada gasto, se ha comprobado la aparición de un fenómeno en muchos casos: la obsesión por reducir el gasto al máximo, privándose de ciertos caprichos o actividades de ocio que podrían hacerse sin problema. Otra opción es que, al ver que todo funciona adecuadamente, dejemos de preocuparnos por el seguimiento de la planificación. En ningún caso, se llegará a buen puerto porque puede crear mal estar en el entorno familiar y un estrés duro de llevar. El punto perfecto está en el medio, controlando los gastos, los ingresos, pagando poco a poco las deudas y disfrutando de los meses en los que sobra un poco de dinero llegado el final de mes.

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